Es quizá el capítulo XXVI de la obra La Regenta, de Leopoldo
Alas Clarín, uno de los capítulos más significativos cuando se trata de
demostrar las tres fuerzas que confrontan en Vetusta a lo largo de toda la
novela.
Nos encontramos en Semana Santa y en el palacio de los
Vegallana donde tienen lugar numeroso encuentros a lo largo de la acción y
donde más adelante Álvaro Mesía demostrará definitivamente su ventaja sobre el
Magistral, pues conoce el terreno y no será la primera vez que firme una
conquista en esa casa.
De Pas y Ana se reconcilian y, en compensación, Ana le
promete que saldrá descalza como penitente en la procesión de la Semana Santa
(con esto el Magistral pretende mostrar a sus enemigos que no ha perdido
autoridad sobre Ana). Después de la experiencia del Viernes Santo, Ana sufre
una nueva enfermedad. Para su recuperación,
Mesía sugiere al Marqués de Vegallana que Ana pase una temporada en su
finca. De esta manera Mesía podría quedarse a solas con ella.
En este fragmento en concreto encontramos como habla la
envidia por sí sola.
En plena lucha por el poder de Vetusta, el magistral que
había visto muy mermado su liderazgo debido a lo ocurrido entre Álvaro y la
Regenta en el baile y también después de haberse descubierto ante Ana, ha
encontrado la posibilidad de restaurar su hegemonía gracias a la conversión y
muerte de Pompeyo, el ateo oficial de Vetusta, y gracias a la propuesta de Ana.
El magistral demuestra así que sigue teniendo poder sobre Ana.
Desde el pueblo la iniciativa de Ana es vista como una
amenaza, como un baño de masas para engrandecer su imagen y su ego, es por eso
que las vetustenses más aristócratas lo ven como una señal de peligro. La
regenta, que lucha entre la devoción mística y la necesidad de sentirse soñada,
que todavía no ha caído en los brazos de un amante (algo que algunas
vetustenses no pueden afirmar con la misma dignidad) decide voluntariamente
realizar una prueba de fe.
La Regenta se hallaba arrepentida de la promesa que había
hecho con el candor por recuperar la confianza del Magistral y desearía no ser
capaz de cumplirla.
Al final no llovió y la Regenta se dio el espectáculo, el
Magistral reafirmó su posición de control de Vetusta pero no sería durante
mucho tiempo. La novela critica con dureza a los conservadores, a los
liberales, a una parte del clero, etc. Toda la sociedad es puesta en tela de
juicio. En esta ciudad dominan la envidia, el ascenso al poder, la
superficialidad y el vox populi vox Dei. Todo ello a través de un estilo
indirecto libre.
En la novela se pueden ver la influencia del naturalismo en
diferentes aspectos compositivos:
Espacio y tiempo: como en todas las novelas del Realismo y
el Naturalismo se ambienta en época contemporánea para el lector. La ciudad era
el espacio preferido por escritores de ideología progresista como Clarín.
Además, Vetusta es siempre motivo de corrupción y decadencia moral. Todo lo
malo sucede en la ciudad, los personajes solo disfrutan de la vida cuando se
alejan de ese medio y salen al campo, en los paseos, la finca de los marqueses,
etc.
Narrador: Clarín intenta por el mayor grado posible de
objetividad narrativa y para ello además de emplear el narrador omnisciente, el
abundante diálogo (donde son los personajes quienes directamente opinan) usa
una técnica muy empleada en el naturalismo que se llama estilo indirecto libre
de este modo el autor se mete dentro de la mente del personaje para narrar lo
que este observa y piensa pero presentándolo en tercera persona, como si se
tratara de un narrador omnisciente. En el siguiente fragmento se puede observar
cómo se emplea el estilo indirecto libre.
Determinismo y
Personajes: la organización determinista del ambiente sobre el individuo. Ana
Ozores acaba vencida por el ambiente, por una sociedad maledicente y corrupta
que la conduce al adulterio y al descrédito social. Pero a diferencia del
naturalismo francés, Clarín no centra su atención en lo más marginal de la
sociedad sino que son la burguesía y la alta sociedad quienes tienen el
protagonismo.
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