El estudiante de Salamanca relata la
historia de Félix de Montemar, un donjuán, que seduce a Elvira
y con cuyo esqueleto es obligado a casarse;
Montemar es un “héroe satánico” que se opone a cualquier ley
que limite su libertad, y hace siempre lo
que quiere sin preocuparse de las consecuencias .Al
describir a Elvira la presenta como el prototipo de mujer romántica, por sus
ojos lánguidos, por su timidez e inocencia, por su irremediable abandono
amoroso y por su locura final. Esta obra incluye todos las características
románticas, por lo que es una de las mejores representaciones del Romanticismo
español (hay quién lo considera superior a las leyendas del Duque de Rivas y
Zorrilla, y que aventaja a veces a los poemas de lord Bayron, Parisina,
Mazeppa, Manfred, The Island). Varios temas de los usados forman ya parte de la
tradición: la locura del protagonista, la ronda espectral, la visión del propio
entierro y la mujer transformada en esqueleto.
A través de sus 1.704 versos ‘desarrolla una formulación
romántica del conflicto entre la felicidad y la desdicha, entre la realidad y
el sueño de una perdida felicidad inocente’.
El Estudiante de Salamanca es un cuento narrativo, es decir
el relato de una historia, pero asimismo es la expresión lírica de la rebeldía,
y al propio tiempo u diálogo dramático (parte tercera), dándose por tanto una
de las características propias del romanticismo la mezcla de géneros en la
misma obra.
Los antecedentes del Estudiante de Salamanca se encuentra en
dos leyendas de la tradición literaria española: la del Burlador de Sevilla y
la del Estudiante Lisardo.
Es admirable el paralelismo que ese estable entre la forma y
el contenido. En los versos se repiten una seria de armonías e inarmonías, de
simetrías y alternancias, de consonancias y asonancias. Tiene una versificación
polimétrica que está íntimamente relacionada con las variaciones del tema, unos
cambios de métrica y ritmo condicionados por el contenido. En los momentos de
más tensión los versos son máscortos lo que da la impresión de que la acción
transcurre más deprisa. Otros momentos como los de euforia, énfasis, melancolía
y la lóbrega danza fúnebre los versos también son diferentes. Utiliza una
veintena de estructuras métricas distintas, con alunas formas amétricas que no
se ajustan a los esquemas acostumbrados. La semblanza de don Félix está
compuesta en octavillas (aabb´-ccb´). En cambio, para el retrato romántico de
Elvira prefiere la octava real (ABABABCC). El dinámico recorrido por las calles
solitarias salta de la breve serie de hexasílabos al romance octosílabo de
acentuación aguda. Sin embargo, en el tenebroso desfile fúnebre utiliza el
dodecasílabo. Los últimos 300 versos se estructuran en escalas métricas
ascendentes y descendentes. El momento culminante de las bodas macabras está
narrado en serventesios. En definitiva, la métrica tiende a adaptarse al movimiento
del asunto.
El nivel léxico de la obra posee una riqueza poco frecuente
en la poesía romántica española. Un rasgo característico son las enumeraciones,
de forma ordenada o no, con la estructura asindética o polisindética. Las
enumeraciones de los adjetivos aparecen aisladas o se suman a los sustantivos,
pero siempre aportan plasticidad, dinamismo o tensiones. Abunda la
yuxtaposición de distintas oraciones, como por ejemplo:
La vi, me amó, creció el juego,
Se murió, no es culpa mía.
La adjetivación también tiene gran relevancia en este texto.
Los adjetivos se acumulan, se anteponen preferentemente al sustantivo, lo
rodean. Las sensaciones del entorno se reflejan constantemente a lo largo del
poema. Predominan en las visualizaciones plásticas de colores blanco, negro,
sombrío, oscuro. También podemos encontrar lagunas percepciones táctiles:
“áspero”, “duro”, “blando”, “suave”, “mullido”, “tiernos”, “recio”… y los
adjetivos cinéticos: “rápido”, “veloz”, “raudo”…
Los epítetos tradicionales abundan en las partes más
tranquilas del poema: “fragantes flores”, “sol radiante”.
Espronceda utiliza una forma subjetiva de adjetivar, una
especial concepción del mundo.El poeta rompe con la ordenación tradicional.
Espronceda desarrolla una formulación romántica del conflicto entre la
felicidad y la desdicha, entre la realidad y el sueño de una perdida felicidad
inocente.
El autor rompe con la cronología lineal, propia dela vieja
literatura, acaba con la secuencia temporal del relato.
En esta larga cita de Castellanos se amontonan los
principales reproches que se hacen al romántico: su ridícula apariencia, que se
describe con detalle y las monstruosas creaciones de su literatura. El otro
relato, «Él y Ella. Cuento Romántico», nos presenta una pareja de enamorados
que, dando un romántico paseo nocturno, caen en una alcantarilla; ante la
visión de dos sombras amenazadoras él huye y la joven descubre que se trata de
un burro y un cerdo, refugiados después en una oscura casa oyen conversaciones
de muerte y creen estar a punto de ser asesinados, imploran piedad y descubren
que están en un matadero de corderos, etc.
El romanticismo en estos cuentos, es sistemáticamente
asociado con lo negativo. El protagonista de «Él y Ella» le dice a su amada
tras caer en la alcantarilla y estar llena de porquería: «con estas manchas me
pareces más hermosa que nunca. Esa hediondez despide para mí emanaciones de
ambrosía y tu descompostura halaga mi corazón: estás más romántica». Cuando más
adelante abandona ante el peligro a su amada lo justifica de esta forma: «es
muy romántico el tener miedo y yo soy muy romántico».
Antiromántico también, pero serio y trágico, es otro cuento
que ya vimos en su momento, «La Interpretación de un Cuadro» que trata sobre el
suicidio de Mariano José de Larra. A lo largo del relato el narrador se dirige
alternativamente al lector, a la hija del futuro suicida, o a éste mismo, un
enfermo de la «feroz pasión» romántica.
En una estancia adornada con los paramentos del lujo en la
cual habitaba por un lado el genio de las letras, el genio del saber y por otro
el peligroso orgullo y cuyas armas eran las emponzoñadas miasmas de las
pasiones se ve un joven triste a las veces, feroz otra y loco otras.
[...] Una niña, abrazada a su pensativo padre, le acaricia
sin lograr alejarle de la criminal idea que concibiera.
[...] No te separes de él, ángel de paz. Tu presencia
celestial detiene la suicida mano [...]
[...] Qué vas a hacer infeliz...!!! Detén, por piedad la
criminal mano: no es tuya esa vida que posees, es de tu hija, de tu patria, de
tu Dios.
Pero no obstante estos ataques al romanticismo tenemos
cuentos que acumulan características románticas, algunos hasta la exageración.
Un caso evidente es el de «Fragmentos de un Delirio» de Bernardino Núñez de
Arenas. Un narrador que odia al género humano contempla en la orilla, tras una
larga y solitaria meditación, como un madre y su hijo están a punto de ahogarse
y los salva a ambos aunque en principio piensa dejar morir a la madre y salvar
al niño sólo, porque aún no ha tenido tiempo de ser desgraciado. Huye de ellos,
una vez salvados y al comprobar que se ha enternecido, para no envolverles en
su destino. Se trata de un monólogo interior con abundantes manifestaciones del
satanismo y del odio a la sociedad del héroe romántico.
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