La obra Don Juan Tenorio fue publicada en 1844 por José de Zorilla. Así pues, nos encontramos frente a un drama romántico. 
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Don Juan, acumula rasgos aparentemente contradictorios que parecen indicar que las causas de su enajenación y melancolía sean resultado de la oposición que su modo de ser refleja.
Al final de su vida, don Juan se encuentra con el fantasma de su amada, que le pide que se arrepienta en un plazo que Dios le ha concedido para que ambos se salven. Don Juan se arrepiente, en una escena cargada de elementos fantásticos y sepulcrales.

Don Juan lleva una vida disipada de duelos y amoríos. Con el fin de ganar una apuesta hecha con un contrincante de su misma calaña, rapta a doña Inés, de la que finalmente se enamora. Pero mata al padre de ella porque no lo acepta como yerno y debe huir. Cuando regresa, doña Inés ha muerto de amor.

INÉS
Fantasmas, desvaneceos:
su fe nos salva..., volveos
a vuestros sepulcros, pues.
La voluntad de Dios es:
de mi alma con la amargura
purifiqué su alma impura,
y Dios concedió en mi afán
la salvación de don Juan
al pie de la sepultura.

Es aquí donde encontramos el poder del amor, o el amor más allá de la muerte. Doña Inés consigue la salvación de su alma y la de Don Juan con el arrepentimiento que él muestra.  

Es en este punto donde encontramos la ruptura de una de las características del movimiento romántico ya que, Don Juan deja vencer la razón a la pasión, ya que lo que le interesa es salvar su alma. Por lo tanto,  lo más racional es que se arrepienta de todo lo que ha hecho.

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