Desenlace de Don Juan Tenorio


Es incuestionable que, en el drama de José Zorrilla, Don Juan Tenorio, el amor salva a don Juan de ser condenado luego de que el protagonista se arrepintiera de todos sus pecados. En la obra podemos ver dos ideas con respecto al tema del amor, del arrepentimiento y de la salvación o condena de don Juan. Por un lado, plantea que lo que siente doña Inés por su amado —y viceversa— no es un tipo de amor único y estático sino un amor que se desarrolla a través del drama y que cambia evolucionando. Siguiendo esto, en el primer nivel, el sentimiento se manifiesta como amor hacia un cuerpo hermoso; en el segundo, a la hermosura misma; más tarde al alma virtuosa, y finalmente a la belleza ligada a lo divino. Por otro lado, plantea: hasta qué punto el amor de don Juan por doña Inés significa para él una renuncia a su propia identidad. Como vemos, luego de ser un joven conquistador y decidido, el protagonista pasa por una transformación que lo convierte en primer lugar en un hombre indeciso y temeroso, y finalmente en un fantasma aterrorizado ante la ira de Dios que ruega por la salvación de su alma.
El cambio de actitud de nuestro héroe, se presenta de una forma gradual.
En la última escena de la obra, en el episodio del cementerio, el cambio es total: el personaje niega por completo la principal característica del Romanticismo: la pasión por encima de la razón. La última decisión de don Juan es la más racional de su existencia.

Suéltala, que si es verdad

que un punto de contrición
da a un alma la salvación
de toda una eternidad,
yo, Santo Dios, creo en Ti:
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita…
¡Señor, ten piedad de mi!.



Con esto, don Juan no solamente se salva, sino que salva también a doña Inés, quien tiene empeñada su alma esperando por la de su amado.
Las razones para las que la obra cumbre del romanticismo español tenga un final tan alejado de los principios del movimiento al que debe su existencia quizás se deban a que la simbología española adquirió un tono moralizador, cuando la única moral posible era la cristiana, por lo tanto no es extraño ver en el arte y la literatura de aquella época, la presencia mayoritaria del amor divino, frente al denigrado amor humano. El sufrimiento del amante se identifica con la pasión de Cristo y a la amada se le adora como a una virgen.
Pero aun cuando el final de Don Juan Tenorio pretenda darnos una lección incomprensible, queda la sensación de que al negar su esencia don Juan pierde su ser y de este modo se condena a sí mismo. Es decir, ser y consecuencia es lo que se está jugando en la historia. Es indudable que la esencia de don Juan es aquella que observamos desde el principio. Nosotros no pensamos en el don Juan que doña Inés salva al pie de la sepultura, ni en aquel sumiso y temeroso personaje que se encuentra de rodillas ante el Comendador, sino en el don Juan decidido y seductor que con tan solo una mirada podía rendir la virtud de una mujer y manchar su honra, ese don Juan que cuenta los muertos que pasaron por su espada y que se asienta en su valor.
Zorrilla más que describir las características de un personaje, lo que hace con el drama es personalizar una idea. Pues bien, al renunciar al infierno, don Juan lo que realmente hace, es renunciar a sí mismo. La pregunta es si don Juan, al ser “salvado” por el amor de doña Inés en el último minuto de su vida, y vender su alma a Dios, salió ganando o perdiendo.





María Morales 


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