La Regenta

«Con Octubre muere en Vetusta el buen tiempo. Al mediar Noviembre suele lucir el sol una semana, pero como si fuera ya otro sol, que tiene prisa y hace sus visitas de despedida preocupado con los preparativos del viaje del invierno. Puede decirse que es una ironía de buen tiempo lo que se llama el veranillo de San Martín. Los vetustenses no se fían de aquellos halagos de luz y calor y se abrigan y buscan su manera peculiar de pasar la vida a nado durante la estación odiosa que se prolonga hasta fines de Abril próximamente. Son anfibios que se preparan a vivir debajo de agua la temporada que su destino les condena a este elemento. Unos protestan todos los años haciéndose de nuevas y diciendo: «¡Pero ve usted qué tiempo!» Otros, más filósofos, se consuelan pensando que a las muchas lluvias se debe la fertilidad y hermosura del suelo. «O el cielo o el suelo, todo no puede ser».
Ana Ozores no era de los que se resignaban. Todos los años, al oír las campanas doblar tristemente el día de los Santos, por la tarde, sentía una angustia nerviosa que encontraba pábulo en los objetos exteriores, y sobre todo en la perspectiva ideal de un invierno, de otro invierno húmedo, monótono, interminable, que empezaba con el clamor de aquellos bronces.
Aquel año la tristeza había aparecido a la hora de siempre.
Estaba Ana sola en el comedor. Sobre la mesa quedaban la cafetera de estaño, la taza y la copa en que había tomado café y anís don Víctor, que ya estaba en el Casino jugando al ajedrez. Sobre el platillo de la taza yacía medio puro apagado, cuya ceniza formaba repugnante amasijo impregnado del café frío derramado. Todo esto miraba la Regenta con pena, como si fuesen ruinas de un mundo. La insignificancia de aquellos objetos que contemplaba le partía el alma; se le figuraba que eran símbolo del universo, que era así, ceniza, frialdad, un cigarro abandonado a la mitad por el hastío del fumador. Además, pensaba en el marido incapaz de fumar un puro entero y de querer por entero a una mujer. Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro.
Todas estas locuras las pensaba, sin querer, con mucha formalidad. Las campanas comenzaron a sonar con la terrible promesa de no callarse en toda la tarde ni en toda la noche. Ana se estremeció. Aquellos martillazos estaban destinados a ella; aquella maldad impune, irresponsable, mecánica del bronce repercutiendo con tenacidad irritante, sin por qué ni para qué, sólo por la razón universal de molestar, creíala descargada sobre su cabeza[…]
[…] Se asomó al balcón. Por la plaza pasaba todo el vecindario de la Encimada camino del cementerio, que estaba hacia el Oeste, más allá del Espolón sobre un cerro. Llevaban los vetustenses los trajes de cristianar; criadas, nodrizas, soldados y enjambres de chiquillos eran la mayoría de los transeúntes; hablaban a gritos, gesticulaban alegres; de fijo no pensaban en los muertos. Niños y mujeres del pueblo pasaban también, cargados de coronas fúnebres baratas, de cirios flacos y otros adornos de sepultura. De vez en cuando un lacayo de librea, un mozo de cordel atravesaban la plaza abrumados por el peso de colosal corona de siemprevivas, de blandones como columnas, y catafalcos portátiles. Era el luto oficial de los ricos que sin ánimo o tiempo para visitar a sus muertos les mandaban aquella especie de besa-la-mano. Las personas decentes no llegaban al cementerio; las señoritas emperifolladas no tenían valor para entrar allí y se quedaban en el Espolón paseando, luciendo los trapos y dejándose ver, como los demás días del año. Tampoco se acordaban de los difuntos; pero lo disimulaban; los trajes eran obscuros, las conversaciones menos estrepitosas que de costumbre, el gesto algo más compuesto... Se paseaba en el Espolón como se está en una visita de duelo en los momentos en que no está delante ningún pariente cercano del difunto. Reinaba una especie de discreta alegría contenida[…]


Nos encontramos ante un fragmento en prosa de La Regenta, obra de Leopoldo Alas, Clarín. El discurso que predomina es el descriptivo y el narrativo: Se asomó al balcón... Sobre todo el primero. Se describe cómo reaccionan los vetustenses ante la llegada del invierno, el estado anímico de Ana Ozores la tarde del Día de Todos los Santos, la forma de venerar los vecinos a sus muertos, etc.
 Describe del tiempo en Vetusta durante el Otoño y descripción de cómo sus habitantes viven el cambio de estación. Incluye de la protagonista dentro del bando de los no resignados ante la llegada del Invierno, que para Ana comenzaba el día de Todos los Santos. Describe del estado de ánimo de la protagonista esa tarde y trato dispensado a los muertos según la clase social de la ciudad.

Tiene como tema la descripción del estado de soledad y tristeza de la Regenta la tarde del día de Todos los Santos y descripción del comportamiento de los vetustenses en la visita al cementerio.

Presenta caracteristicas propias de la novela realista. Estas son algunas de ellas: la novela realista se convierte en muchas ocasiones en una novela psicológica que analiza meticulosamente las vivencias y la forma de ser de sus protagonistas. Uno de los procedimientos más utilizado a este fin es el estilo indirecto libre[1], para reproducir las ideas de un personaje: “Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro” 43, 42 Y 44.
Punto de vista narrativo propio del autor omnisciente: conoce hasta los secretos más profundos de sus personajes: sabe lo que han hecho y anticipa el futuro, propia de una actitud demiurga.
Aunque la novela se centra en el análisis psicológico de los personajes, la ciudad de Oviedo, con el retrato de sus costumbres, tiene cierto protagonismo. Casi todos los escritores realistas escriben sobre su ciudad natal. Por otra parte podemos señalar la observación rigurosa de la realidad circundante: costumbres de los vetustenses.
La novela recoge hechos contemporáneos al autor.

La protagonista es problemática: Ana Ozores es una mujer con muchos conflictos interiores a consecuencia de un matrimonio no muy afortunado.

Tarea 3

Llevaré a cabo la comparación de La dama pálida de Alejandro Dumas con El estudiante de Salamanca de José de Espronceda partiendo de algunos aspectos.

Comencemos por los personajes. A pesar de que Edvige y Elvira poseen personalidades completamente diferentes (partiendo de la base de que en El estudiante de Salamanca es algo difícil conocer a fondo la personalidad de Elvira) , ambas han sentido que su vida se iba perdiendo a causa de terceras personas (u otros seres), aunque el final de ambas haya sido distinto. 

Son muy diferentes, sin embargo, si nos quedamos con la esencia de ellos, veremos que ambos se centran en mujeres que pierden su energía vital por obra de otros. Sin embargo, el final de ambas es bastante diferente, Elvira muere sin remedio, sin embargo, Edvige sobrevive.

Ahora nos centraremos en otros dos personajes. Estos son Kostaki y Felix de Montemar. Aunque a primera vista no lo parezca, ambos comparten ciertas similitudes. Son hombres movidos por sus pasiones, que no muestran ni una pizca de sentido moral ni de apego a las normas.

 Kostaki, la indomable criatura que viste, para quien son leyes sólo sus pasiones, que nada tiene por sagrado aquí abajo fuera de su madre...

Y por supuesto, en ambas obras podemos encontrar menciones a los infiernos en interacciones o descripciones de esos personajes.

...luego no has recibido una misión divina sino infernal; luego has salido
de tu tumba no como una sombra santa sino como un espectro maldito, y volverás a tu tumba.

Grandiosa, satánica figura, .
alta la frente, Montemar camina,
espíritu sublime en su locura,
provocando la cólera divina:
fábrica frágil de materia impura:

Ahora nos centraremos en los ambientes en los que se desenvuelven ambas obras. Aunque estén situadas en puntos diferentes del mundo, en las dos podemos ver esos ambientes lúgubres, siniestros e incluso sobrecogedores tan propios del Romanticismo.


En cualquier otra circunstancia, en medio de aquel cementerio, cerca de aquella tumba abierta, con aquellos dos cadáveres yaciendo uno junto al otro, hubiera enloquecido;

Hay otra característica que ambas obras comparten, esta es la importancia de los duelos. En ambas creaciones, la cúspide de la trama se da en un duelo entre dos personajes, algo que también es bastante frecuente en la literatura del Romanticismo.

El último aspecto que mencionaremos acerca de esta comparación es que en ambas obras se hacen menciones  a cierto personaje, bastante recurrente en la literatura: el Don Juan, dejando así clara una cierta similitud de algunos aspectos de las respectivas creaciones. Por lo tanto, la lógica nos dice que si existe una cierta relación de parecido entre La dama pálida y El estudiante de Salamanca, aunque esta descanse sobre el hecho de que ambas obras pertenecen al Romanticismo.

Era algo semejante al pasaje de don Juan y el comendador.

El estudiante de Salamanca relata la
historia de Félix de Montemar, un donjuán, que seduce a Elvira y con cuyo esqueleto es obligado a casarse;
Montemar es un “héroe satánico” que se opone a cualquier ley que limite su libertad, y hace siempre lo
que quiere sin preocuparse de las consecuencias .Al describir a Elvira la presenta como el prototipo de mujer romántica, por sus ojos lánguidos, por su timidez e inocencia, por su irremediable abandono amoroso y por su locura final. Esta obra incluye todos las características románticas, por lo que es una de las mejores representaciones del Romanticismo español (hay quién lo considera superior a las leyendas del Duque de Rivas y Zorrilla, y que aventaja a veces a los poemas de lord Bayron, Parisina, Mazeppa, Manfred, The Island). Varios temas de los usados forman ya parte de la tradición: la locura del protagonista, la ronda espectral, la visión del propio entierro y la mujer transformada en esqueleto.
A través de sus 1.704 versos ‘desarrolla una formulación romántica del conflicto entre la felicidad y la desdicha, entre la realidad y el sueño de una perdida felicidad inocente’.
El Estudiante de Salamanca es un cuento narrativo, es decir el relato de una historia, pero asimismo es la expresión lírica de la rebeldía, y al propio tiempo u diálogo dramático (parte tercera), dándose por tanto una de las características propias del romanticismo la mezcla de géneros en la misma obra.

Los antecedentes del Estudiante de Salamanca se encuentra en dos leyendas de la tradición literaria española: la del Burlador de Sevilla y la del Estudiante Lisardo.

Es admirable el paralelismo que ese estable entre la forma y el contenido. En los versos se repiten una seria de armonías e inarmonías, de simetrías y alternancias, de consonancias y asonancias. Tiene una versificación polimétrica que está íntimamente relacionada con las variaciones del tema, unos cambios de métrica y ritmo condicionados por el contenido. En los momentos de más tensión los versos son máscortos lo que da la impresión de que la acción transcurre más deprisa. Otros momentos como los de euforia, énfasis, melancolía y la lóbrega danza fúnebre los versos también son diferentes. Utiliza una veintena de estructuras métricas distintas, con alunas formas amétricas que no se ajustan a los esquemas acostumbrados. La semblanza de don Félix está compuesta en octavillas (aabb´-ccb´). En cambio, para el retrato romántico de Elvira prefiere la octava real (ABABABCC). El dinámico recorrido por las calles solitarias salta de la breve serie de hexasílabos al romance octosílabo de acentuación aguda. Sin embargo, en el tenebroso desfile fúnebre utiliza el dodecasílabo. Los últimos 300 versos se estructuran en escalas métricas ascendentes y descendentes. El momento culminante de las bodas macabras está narrado en serventesios. En definitiva, la métrica tiende a adaptarse al movimiento del asunto.
El nivel léxico de la obra posee una riqueza poco frecuente en la poesía romántica española. Un rasgo característico son las enumeraciones, de forma ordenada o no, con la estructura asindética o polisindética. Las enumeraciones de los adjetivos aparecen aisladas o se suman a los sustantivos, pero siempre aportan plasticidad, dinamismo o tensiones. Abunda la yuxtaposición de distintas oraciones, como por ejemplo:
La vi, me amó, creció el juego,
Se murió, no es culpa mía.
La adjetivación también tiene gran relevancia en este texto. Los adjetivos se acumulan, se anteponen preferentemente al sustantivo, lo rodean. Las sensaciones del entorno se reflejan constantemente a lo largo del poema. Predominan en las visualizaciones plásticas de colores blanco, negro, sombrío, oscuro. También podemos encontrar lagunas percepciones táctiles: “áspero”, “duro”, “blando”, “suave”, “mullido”, “tiernos”, “recio”… y los adjetivos cinéticos: “rápido”, “veloz”, “raudo”…
Los epítetos tradicionales abundan en las partes más tranquilas del poema: “fragantes flores”, “sol radiante”.
Espronceda utiliza una forma subjetiva de adjetivar, una especial concepción del mundo.El poeta rompe con la ordenación tradicional. Espronceda desarrolla una formulación romántica del conflicto entre la felicidad y la desdicha, entre la realidad y el sueño de una perdida felicidad inocente.
El autor rompe con la cronología lineal, propia dela vieja literatura, acaba con la secuencia temporal del relato.


En esta larga cita de Castellanos se amontonan los principales reproches que se hacen al romántico: su ridícula apariencia, que se describe con detalle y las monstruosas creaciones de su literatura. El otro relato, «Él y Ella. Cuento Romántico», nos presenta una pareja de enamorados que, dando un romántico paseo nocturno, caen en una alcantarilla; ante la visión de dos sombras amenazadoras él huye y la joven descubre que se trata de un burro y un cerdo, refugiados después en una oscura casa oyen conversaciones de muerte y creen estar a punto de ser asesinados, imploran piedad y descubren que están en un matadero de corderos, etc.
El romanticismo en estos cuentos, es sistemáticamente asociado con lo negativo. El protagonista de «Él y Ella» le dice a su amada tras caer en la alcantarilla y estar llena de porquería: «con estas manchas me pareces más hermosa que nunca. Esa hediondez despide para mí emanaciones de ambrosía y tu descompostura halaga mi corazón: estás más romántica». Cuando más adelante abandona ante el peligro a su amada lo justifica de esta forma: «es muy romántico el tener miedo y yo soy muy romántico».
Antiromántico también, pero serio y trágico, es otro cuento que ya vimos en su momento, «La Interpretación de un Cuadro» que trata sobre el suicidio de Mariano José de Larra. A lo largo del relato el narrador se dirige alternativamente al lector, a la hija del futuro suicida, o a éste mismo, un enfermo de la «feroz pasión» romántica.
En una estancia adornada con los paramentos del lujo en la cual habitaba por un lado el genio de las letras, el genio del saber y por otro el peligroso orgullo y cuyas armas eran las emponzoñadas miasmas de las pasiones se ve un joven triste a las veces, feroz otra y loco otras.
[...] Una niña, abrazada a su pensativo padre, le acaricia sin lograr alejarle de la criminal idea que concibiera.
[...] No te separes de él, ángel de paz. Tu presencia celestial detiene la suicida mano [...]
[...] Qué vas a hacer infeliz...!!! Detén, por piedad la criminal mano: no es tuya esa vida que posees, es de tu hija, de tu patria, de tu Dios.

Pero no obstante estos ataques al romanticismo tenemos cuentos que acumulan características románticas, algunos hasta la exageración. Un caso evidente es el de «Fragmentos de un Delirio» de Bernardino Núñez de Arenas. Un narrador que odia al género humano contempla en la orilla, tras una larga y solitaria meditación, como un madre y su hijo están a punto de ahogarse y los salva a ambos aunque en principio piensa dejar morir a la madre y salvar al niño sólo, porque aún no ha tenido tiempo de ser desgraciado. Huye de ellos, una vez salvados y al comprobar que se ha enternecido, para no envolverles en su destino. Se trata de un monólogo interior con abundantes manifestaciones del satanismo y del odio a la sociedad del héroe romántico.

La Regenta

Es quizá el capítulo XXVI de la obra La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín, uno de los capítulos más significativos cuando se trata de demostrar las tres fuerzas que confrontan en Vetusta a lo largo de toda la novela.

Nos encontramos en Semana Santa y en el palacio de los Vegallana donde tienen lugar numeroso encuentros a lo largo de la acción y donde más adelante Álvaro Mesía demostrará definitivamente su ventaja sobre el Magistral, pues conoce el terreno y no será la primera vez que firme una conquista en esa casa.
De Pas y Ana se reconcilian y, en compensación, Ana le promete que saldrá descalza como penitente en la procesión de la Semana Santa (con esto el Magistral pretende mostrar a sus enemigos que no ha perdido autoridad sobre Ana). Después de la experiencia del Viernes Santo, Ana sufre una nueva enfermedad. Para su recuperación,  Mesía sugiere al Marqués de Vegallana que Ana pase una temporada en su finca. De esta manera Mesía podría quedarse a solas con ella.
En este fragmento en concreto encontramos como habla la envidia por sí sola.
En plena lucha por el poder de Vetusta, el magistral que había visto muy mermado su liderazgo debido a lo ocurrido entre Álvaro y la Regenta en el baile y también después de haberse descubierto ante Ana, ha encontrado la posibilidad de restaurar su hegemonía gracias a la conversión y muerte de Pompeyo, el ateo oficial de Vetusta, y gracias a la propuesta de Ana. El magistral demuestra así que sigue teniendo poder sobre Ana.
Desde el pueblo la iniciativa de Ana es vista como una amenaza, como un baño de masas para engrandecer su imagen y su ego, es por eso que las vetustenses más aristócratas lo ven como una señal de peligro. La regenta, que lucha entre la devoción mística y la necesidad de sentirse soñada, que todavía no ha caído en los brazos de un amante (algo que algunas vetustenses no pueden afirmar con la misma dignidad) decide voluntariamente realizar una prueba de fe.

La Regenta se hallaba arrepentida de la promesa que había hecho con el candor por recuperar la confianza del Magistral y desearía no ser capaz de cumplirla.
Al final no llovió y la Regenta se dio el espectáculo, el Magistral reafirmó su posición de control de Vetusta pero no sería durante mucho tiempo. La novela critica con dureza a los conservadores, a los liberales, a una parte del clero, etc. Toda la sociedad es puesta en tela de juicio. En esta ciudad dominan la envidia, el ascenso al poder, la superficialidad y el vox populi vox Dei. Todo ello a través de un estilo indirecto libre.

En la novela se pueden ver la influencia del naturalismo en diferentes aspectos compositivos:
Espacio y tiempo: como en todas las novelas del Realismo y el Naturalismo se ambienta en época contemporánea para el lector. La ciudad era el espacio preferido por escritores de ideología progresista como Clarín. Además, Vetusta es siempre motivo de corrupción y decadencia moral. Todo lo malo sucede en la ciudad, los personajes solo disfrutan de la vida cuando se alejan de ese medio y salen al campo, en los paseos, la finca de los marqueses, etc.
Narrador: Clarín intenta por el mayor grado posible de objetividad narrativa y para ello además de emplear el narrador omnisciente, el abundante diálogo (donde son los personajes quienes directamente opinan) usa una técnica muy empleada en el naturalismo que se llama estilo indirecto libre de este modo el autor se mete dentro de la mente del personaje para narrar lo que este observa y piensa pero presentándolo en tercera persona, como si se tratara de un narrador omnisciente. En el siguiente fragmento se puede observar cómo se emplea el estilo indirecto libre.
 Determinismo y Personajes: la organización determinista del ambiente sobre el individuo. Ana Ozores acaba vencida por el ambiente, por una sociedad maledicente y corrupta que la conduce al adulterio y al descrédito social. Pero a diferencia del naturalismo francés, Clarín no centra su atención en lo más marginal de la sociedad sino que son la burguesía y la alta sociedad quienes tienen el protagonismo.

I Congreso liberal

Durante la conferencia se analizaron varios cuadros de Goya (1746-1828), pintor y grabador español contemporáneo a la Guerra de la Independencia. Se comienza comentando algunos de sus cuadros que reflejan violencia, como “Corridas de toros” (1815-16). La violencia que intenta expresar en la obra se representa con los desastres de la guerra. Otra de las obras presentadas es “Fantasmagorías”. Las fantasmagorías eran proyecciones de luz de monstruos, pero Goya no llegó a conocerlas.

Durante esta época era muy común la venta de estampas, en diarios como “Diario de Madrid” o “Gaceta de Madrid”. Estas estampas trataban varios temas: religiosos; reales, retratos del rey o la familia real; o de tauromaquias. El mercado estaba inundado de estampas, sobre todo religiosas y reales.  

Goya pinta una serie de cuadros a los que titula “Los disparates”. Los pinta en un ambiente de violencia y de pronunciamientos militares. Los disparates son un modo de acercarse a la lucha entre dos fuerzas: el bien y el mal; lo bello y lo grotesco. Casi todos los “disparates” están protagonizados por el miedo y el terror. Se presentan la maldad por medio de la frialdad y lo grotesco.

Dentro de “Los disparates” encontramos algunos cuadros como:

 “Disparate conocido”, es un cuadro donde se presentan un grupo de liberales, frente al absolutismo, que lo presenta como un espantajo, y así vemos la visión del pintor, el absolutismo como un espantajo al que no hay que temer.
 “Disparate de miedo”, otro cuadro donde vemos el gigante falso del absolutismo, que asusta a los soldados liberales.
 “Disparate cruel”, aparece un servil furioso cabalgando arremete contra los liberales que no se asustan ante el bravucón.
 “Disparate femenino”, se presentan dos grupos, uno de mujeres liberales y otro de serviles, las mujeres tienen más poder frente a los serviles, que son unos ignorantes.
 “Caballo raptor”, cuadro en el que aparece un caballo, representando el bien, que salva a una mujer, la libertad” de caer en las fauces de un monstruo.
 "Disparate alegre”, oposición de dos grupos, uno que representa lo feo, el absolutismo, y otro representando a las mujeres como lo liberal.
“Disparate desordenado”, hay una monstruosidad dual, el monstruo se presenta como las consecuencias de la político absolutista.
“Disparate pobre”, aparece una mujer (la libertad) huye de la muerte y de la ira absolutista para refugiarse en el pueblo.
  “Disparate de carnaval” aparecen dos condenados por la inquisición, maniatados y con sambenitos.
 “Disparate fúnebre”, muere la verdad/constitución y resucita la mentira/absolutismo.

En resumen, gracias a  todos estos ejemplos de “Los disparates” podemos apreciar la ideología y su opinión sobre la guerra, que, si es correcta la interpretación, Goya estaba a favor de los liberales y en contra del absolutismo.


Tarea nº5

Ha dado comienzo la primera conferencia, por Juan Carrete, profesor de la UNED, especialista en arte gráfico y grabados. Su ponencia, denominada Goya. Disparates ¿Serviles y liberales?, ha tratado sobre el trabajo artístico del pintor aragonés en el sexenio absolutista, y más concretamente, sobre una serie de 22 obras denominadas, por el propio autor, como Disparates. Carrete ha destacado que no se publicaron hasta 1870, pero al ser realizadas en la técnica del grabado tenían una intención y función específica: "la de difundir"; aunque su interpretación no ha quedado nunca clara entre los expertos, dejando abierta la posibilidad de debatir las distintas posibilidades existentes como es este caso.
Primero, contextualizó el momento en el que Goya había realizado esta obra, en la época que va desde 1814 a 1819, que él mismo ha catalogado como "de terror", anulada la Constitución, con la censura de imprenta y teatro, la vuelta de la Inquisición y el decreto de depuración; que se vivía entre los liberales en España, lo que "causó el exilio de más de 20.000 personas" a otros países como Inglaterra, Francia y de América. Por tanto, Goya, ante esta situación, se mostraba "aterrorizado, pero a la vez esperanzado, lo que muestra en sus obras" ha aclarado el conferenciante. Su hipótesis de los Disparates de Goya, que ha analizado con el público durante su intervención, no es más que "una lectura en imágenes, un acercamiento de la realidad", de los dos grupos protagonistas de esos días: los liberales y los serviles, la representación del bien frente al mal, de la represión frente a la libertad, a través "de lo bello y lo grotesco".

Aquí pongo algunos ejemplos de los Disparates:

Disparate matrimonial
El caballo raptor
Disparate de carnaval
Disparate furioso



Tarea nº4

Don Ponpeyo estaba muy enfadado con los del casino. Pues a los que él consideraba amigos suyos, le habían hecho emborracharse, para que una vez bebido, acudiera a la misa del gallo. Este hecho fue muy comentado en toda Vetusta, por ello se sentía humillado. Desde entonces ya no había acudido más al casino, sino que ahora solía pasear al anochecer y volver a su casa temprano. Desde el entierro de don Santos Barinaga, Don Pompeyo, se sentía enfermo. Además hizo que el médico le visitará. Somoza le dio muy poco tiempo de vida. Por ello, se presentaba el gran problema de convencerle para que recibiera los santos sacramentos. Su hija mayor le dijo que por amor a sus hermanas, a su madre y a ella que recibiera al sacerdote. Don Pompeyo extrañamente acepto, pero dijo que debía ser el Magistral quien le confesará. Cuando fueron a llamarlo, el Magistral se encontraba en cama muy malo, casualmente desde que no veía a la Regenta. Pero sin embargo se preparó y llamo para que le llevarán en coche a casa de Don Pompeyo, sin embargo antes de partir Teresina le dio una carta de Ana en la que decía que quería volver a seguir la religión. El Magistral se llenó de felicidad, mientras su madre estaba irritada al pensar que su hijo podía estar otra vez con Ana. Antes de ir a casa de Don Pompeyo, fue a casa de la Regenta quien se puso de rodilla y lloró, diciéndole que la personará y prometiéndole que saldría de nazarena y descalza como signo de fidelidad a él. A continuación acudió a casa de Don Pompeyo triunfante, a quien le dio los santos sacramentos y lo confesó. En Vetusta era la época de la Cuaresma y de la Semana Santa, don Pompeyo murió el Miércoles Santo. Toda Vetusta se quedó asombrada al ver a Ana de nazarena el Viernes Santo. Don Víctor de Quintanar estaba irritado al ver a su mujer allí, y le echaba la culpa al Magistral. Él, Quintanar dijo que prefería ver a su mujer en manos de un amante que en brazos del fanatismo, don Víctor pensaba que su mujer se estaba recuperando cuando vuelve a caer de nuevo, creía que su mujer estaba loca.

Tarea nº2

Don Juan Tenorio es un truhan que no cree en Dios, y al que no le importa manchar su nombre y mancillar su honra con tal de demostrar que es el vencedor de la apuesta que ha hecho con Don Luis Mejía, demostrar, en definitiva, que es un hombre ruin. Sin embargo, hay un hecho en la obra que no encaja con el perfil de Don Juan: está enamorado de su futura esposa, Doña Inés. De este modo, después de que Don Gonzalo niegue la mano de su hija al protagonista, se desencadenan una serie de hechos que culminan con la muerte del padre de la joven, lo cual obliga a Don Juan a huir de Sevilla. Así las cosas, en la segunda parte, que es la que más nos interesa, se nos presenta la vuelta de Don Juan a Sevilla, concretamente al palacio que debió haber heredado y que se ha convertido en un magistral cementerio en el que descansan las personas a las que el protagonista ha dado muerte, así como su progenitor y su amada. En los últimos actos pues, se nos muestra el desenlace de la obra, un desenlace en el que abunda la magia y el misterio: Don Juan va a morir en unas horas y por ello es invitado por la sombra de su amada a que se retracte de sus pecados para que Dios lo perdone y pueda reunirse con ella en la vida eterna y así poder llevar a cabo su amor. Aunque en un principio el protagonista se muestra reacio, cuando descubre que su tiempo está acabando y que realmente podría reencontrarse con su amada, se arrepiente de sus malas obras consiguiendo el perdón de Dios, lo cual desencadena el final con tintes divinos en el que ambos amados se elevan hacia la vida eterna entre luces y coros celestiales.
Así pues, se trata de una obra teatral que se enmarca dentro de los límites del drama romántico y que sigue la tradición del Don Juan de autores como Molière o Tirso de Molina. Sin embargo, cabe resaltar que esta obra tiene un carácter singular que estriba en el siguiente hecho: es un drama en el que sus protagonistas acaban de forma trágica, ya que fallecen, y aún así, se nos presenta un final que no es del todo desgraciado puesto que estos han pasado a la vida eterna donde podrán vivir su historia amorosa. De este modo, se rompe con la tradición en la que el protagonista, como ocurre en El burlador de Sevilla, confiado en que Dios perdonaría sus pecados, acaba siendo arrastrado al infierno donde paga por sus malas acciones.

En conclusión, Don Juan Tenorio de Zorrilla, es un drama romántico original ya que parte de una tradición y modifica su desenlace: el protagonista realmente se arrepiente de sus actos ante Dios empujado por la fuerza del amor, pues es la única forma que tiene para conseguir realizar su historia amorosa junto a su amada, Doña Inés.

Tarea nº3

Voy a analizar por separado el tema del amor romántico presente en El estudiante de Salamanca y en La peña de los enamorados.
El Estudiante de Salamanca cumple uno a uno todos los temas románticos, y sobre todo, el amor. Un amor que casi está convertido en religión. Hay un gran contraste en cuanto al tema del amor, ya que pasa tanto por el amor exacerbado como por por el desgarro del desamor. El protagonista es el prototipo de personaje romántico: libertino, valiente, provocador, varonil… No obstante, su conducta es castigada con la muerte y la condenación eterna. Si comparamos el personaje de don Félix con el Don Juan Tenorio de Zorrilla, siendo dos personajes muy parecidos en sus hábitos y concepción narrativa, observamos que Zorrilla le salva gracias al amor de de doña Inés; aquí, a pesar de que hay reminiscencias aún de amor por parte de doña Elvira, don Félix se condena por su obstinación. El tema romántico, el amor más allá de la muerte, es uno de los motivos que mueven la narración.
La ambientación también es romántica con esos seres de ultratumba que danzan y cantan alrededor de los dos amantes. El espacio, un cementerio con panteones abiertos, palacios desiertos… ayudan a crear una ambientación tenebrosa y de misterio, acrecentada por ser por la noche cuando sucede toda la acción. En contraposición, el amanecer trae la serenidad y alegría a la ciudad.
Esta obra tiene mucha similitud con el cuento de La peña de los enamorados. Los dos tratan el amor desgarrador, el amor más allá de la muerte, la tragedia, la locura amorosa de los protagonistas. En este cuento, dos enamorados huyen para estar juntos, hasta que al final tienen que morir para no ser separados, quedando así su amor sellado para siempre.
Voy a contarte un cuento, de amor y de desventura, que es como un lamento, un sueño de locura.
Según cuenta la leyenda, dos amantes perseguidos no quisieron ser cautivos, y al subir a la montaña al fin quedaron rendidos.

En lo alto de la peña, a punto de ser prendidos, sin tener otro camino, se lanzaron al vacío, huyendo de su destino.

A la sombra de la peña, como dos enamorados, la morilla y el cristiano, duermen juntos en el río bajo el cielo antequerano.”


En conclusión, son dos obras con todas las características románticas, pero en el amor más concretamente, resaltan la pasión, la locura (hasta la muerte) y el romanticismo exacerbado.

I Congreso Liberal


En primer lugar, Pierre Geal, de la universidad de Grenoble, trató el tema llamado «Discordia y reconciliación en España (1808-1823)». Durante su ponencia explicó que durante esos años hubo en España un periodo de amnistía con el enemigo político como muestra de identidad del liberalismo en España. Los liberales de Cádiz no habrían aceptado tanta liberalidad, ya que eran considerados más duros. Se dio un conflicto cada vez más agudo entre los liberales y absolutistas. En el Manifiesto de los persas, por el que se le pedía a Fernando VII la vuelta al Antiguo Régimen y la abolición de las Cortes de Cádiz, incrementó el sentimiento de venganza de atacar a los que había apoyado las Cortes. Liberales y afrancesados van a sufrir la represión.


La amnistía es justa, la persecución apolítica. La Iglesia aboga por la misericordia. Después, se les permite a los afrancesados volver a España y recuperar sus bienes, no obstante han perdido la confianza en la nación. Resulta imposible enjuiciarlos debido al gran número que representan. A pesar de las amnistías, no va a haber reconciliación. Los afrancesados son marginados por los absolutistas en el poder.


Posteriormente, Mario Trujillo Bolio, de la universidad de México, que hablará acerca de: «Los diputados novohispanos: presbíteros, abogados, teólogos y poetas, entre exilio y el encarcelamiento ante la represión absolutista». Miguel de Lardizábal, servil a la corona española, mantuvo estrechos vínculos con la misma, lo que le llevó a ocupar cargos públicos de gran responsabilidad. Aceptó que la soberanía residía en las Cortes y adquirió un papel importante con la vuelta de Fernando VII que lo nombra secretario de ultramar.


Tras la intervención de Mario, toma la palabra la Dra. Marieta Cantos, de la universidad de Cádiz, que tratará el papel de la mujer en estos acontecimientos. Cádiz es la cuna del liberalismo, en sentido sui géneris. Se da una opinión pública servil, lo que favorece a su vez una literatura de folletín, con un carácter religioso de los autores. Son tipos de sermones sobre los detalles de las Cortes.

En esta conferencia, Carrete Parrondo, nos habló sobre las obras de Goya, pero, sobre todo, se centró en los Disparates, los cuales forman una colección de veintidós grabados, realizada por Francisco de Goya entre los años 1815-1819. No debemos olvidar mencionar que, probablemente, esta serie esté incompleta. 


Los Disparates tratan, en su mayoría, sobre la libertad del pueblo, un pueblo que debe luchar por dejar  un lado los estamentos y todos los privilegios dados por el Antiguo Régimen. Sin embargo, los personajes que en ellos aparecen muchas veces no se parecen nada a personas humanas, ya que, podemos observar como Goya nos presenta seres deformes que muchas veces se parecen más a un monstruo que a un humano. Posiblemente esta sea la visión que tenia Goya de las personas. Podemos decir, pues, que en esta obra se refleja la psicología de Goya ya que, tal vez, nos muestra su visión de la realidad. Esto hace que estas obras sean un misterio, ya que, no sabemos realmente que pretende mostrar, elogiar, criticar, ridicularizar, etc. Goya.

Así pues, como hemos dicho, los Disparates son una crítica a la sociedad de la época y a la situación económica que se vivía en España durante esos años. 


La literatura de las mujeres que participaron en la opinión pública tiene que ver mucho más con la literatura religiosa. Las mujeres adoptan un papel de ángel comunicador. Son mediadoras o emisarias de una voz divina. Con la evolución del pensamiento servil, anuncian la otra cara del ángel exterminador.

Durante el congreso se los dijo que la figura de la mujer representaba a lo bello en los disparates, sin embargo, ya que la libertad es representada por una mujer, ¿no puede ser que estas representen la libertad y no lo bello? Tal vez pueda ser al revés, puede ser la misma libertad la que representa lo bello, es decir si la libertad es bella y la mujer también lo es, la mujer es la libertad.


Entre estas mujeres encontramos a Frasquita la Rea, que publica con el pseudónimo de “La española”. Denuncia tibiamente el socavamiento del poder del rey por parte de los liberales. Da una de cal y otra de arena. Su discurso se va a ir exaltando. En la junta de censura debía haber denunciado todos los papeles liberales. Su escrito fue denunciado a los tres días de ser publicado. Se mueve entre dos posturas, la primera es la de una sensibilidad femenina y por otro lado defiende que el rey cargue las tintas donde lo tenga que hacer. En Madrid publica en forma de salmos las excelencias de Fernando VII. Pide que se restablezca la Restauración y pide el regreso del monarca. Esto se va a recoger en la opinión pública y trata con mano dura a los liberales. La saña reside en averiguar quién había votado en contra del rey.


La obra Don Juan Tenorio fue publicada en 1844 por José de Zorilla. Así pues, nos encontramos frente a un drama romántico. 
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Don Juan, acumula rasgos aparentemente contradictorios que parecen indicar que las causas de su enajenación y melancolía sean resultado de la oposición que su modo de ser refleja.
Al final de su vida, don Juan se encuentra con el fantasma de su amada, que le pide que se arrepienta en un plazo que Dios le ha concedido para que ambos se salven. Don Juan se arrepiente, en una escena cargada de elementos fantásticos y sepulcrales.

Don Juan lleva una vida disipada de duelos y amoríos. Con el fin de ganar una apuesta hecha con un contrincante de su misma calaña, rapta a doña Inés, de la que finalmente se enamora. Pero mata al padre de ella porque no lo acepta como yerno y debe huir. Cuando regresa, doña Inés ha muerto de amor.

INÉS
Fantasmas, desvaneceos:
su fe nos salva..., volveos
a vuestros sepulcros, pues.
La voluntad de Dios es:
de mi alma con la amargura
purifiqué su alma impura,
y Dios concedió en mi afán
la salvación de don Juan
al pie de la sepultura.

Es aquí donde encontramos el poder del amor, o el amor más allá de la muerte. Doña Inés consigue la salvación de su alma y la de Don Juan con el arrepentimiento que él muestra.  

Es en este punto donde encontramos la ruptura de una de las características del movimiento romántico ya que, Don Juan deja vencer la razón a la pasión, ya que lo que le interesa es salvar su alma. Por lo tanto,  lo más racional es que se arrepienta de todo lo que ha hecho.

Desenlace de Don Juan Tenorio


Es incuestionable que, en el drama de José Zorrilla, Don Juan Tenorio, el amor salva a don Juan de ser condenado luego de que el protagonista se arrepintiera de todos sus pecados. En la obra podemos ver dos ideas con respecto al tema del amor, del arrepentimiento y de la salvación o condena de don Juan. Por un lado, plantea que lo que siente doña Inés por su amado —y viceversa— no es un tipo de amor único y estático sino un amor que se desarrolla a través del drama y que cambia evolucionando. Siguiendo esto, en el primer nivel, el sentimiento se manifiesta como amor hacia un cuerpo hermoso; en el segundo, a la hermosura misma; más tarde al alma virtuosa, y finalmente a la belleza ligada a lo divino. Por otro lado, plantea: hasta qué punto el amor de don Juan por doña Inés significa para él una renuncia a su propia identidad. Como vemos, luego de ser un joven conquistador y decidido, el protagonista pasa por una transformación que lo convierte en primer lugar en un hombre indeciso y temeroso, y finalmente en un fantasma aterrorizado ante la ira de Dios que ruega por la salvación de su alma.
El cambio de actitud de nuestro héroe, se presenta de una forma gradual.
En la última escena de la obra, en el episodio del cementerio, el cambio es total: el personaje niega por completo la principal característica del Romanticismo: la pasión por encima de la razón. La última decisión de don Juan es la más racional de su existencia.

Suéltala, que si es verdad

que un punto de contrición
da a un alma la salvación
de toda una eternidad,
yo, Santo Dios, creo en Ti:
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita…
¡Señor, ten piedad de mi!.



Con esto, don Juan no solamente se salva, sino que salva también a doña Inés, quien tiene empeñada su alma esperando por la de su amado.
Las razones para las que la obra cumbre del romanticismo español tenga un final tan alejado de los principios del movimiento al que debe su existencia quizás se deban a que la simbología española adquirió un tono moralizador, cuando la única moral posible era la cristiana, por lo tanto no es extraño ver en el arte y la literatura de aquella época, la presencia mayoritaria del amor divino, frente al denigrado amor humano. El sufrimiento del amante se identifica con la pasión de Cristo y a la amada se le adora como a una virgen.
Pero aun cuando el final de Don Juan Tenorio pretenda darnos una lección incomprensible, queda la sensación de que al negar su esencia don Juan pierde su ser y de este modo se condena a sí mismo. Es decir, ser y consecuencia es lo que se está jugando en la historia. Es indudable que la esencia de don Juan es aquella que observamos desde el principio. Nosotros no pensamos en el don Juan que doña Inés salva al pie de la sepultura, ni en aquel sumiso y temeroso personaje que se encuentra de rodillas ante el Comendador, sino en el don Juan decidido y seductor que con tan solo una mirada podía rendir la virtud de una mujer y manchar su honra, ese don Juan que cuenta los muertos que pasaron por su espada y que se asienta en su valor.
Zorrilla más que describir las características de un personaje, lo que hace con el drama es personalizar una idea. Pues bien, al renunciar al infierno, don Juan lo que realmente hace, es renunciar a sí mismo. La pregunta es si don Juan, al ser “salvado” por el amor de doña Inés en el último minuto de su vida, y vender su alma a Dios, salió ganando o perdiendo.





María Morales 


Tarea nº1

El amor es uno de los temas mas recurrentes en toda la poesía española. Este se manifiesta en todas sus facetas en cada poema. En concreto, el sigo XVIII nos deja una serie de poemas en los que podemos ver diferentes tipos de amor.
Nos encontramos primeramente con un poema, En una ausencia, en el cual podemos ver claramente la más pura y típica manifestación de amor de un hombre desesperado a su amada. La melancolía le hace recordar momentos a su lado que hacen que se pregunte dónde quedó todo ese amor y esa felicidad.. Hace una metáfora constante entre su amada y su bien, su fortuna; sin ella, él es un desgraciado y un infeliz. Habla de todos los bienes preciados, rechazándolos y aceptando cualquier cosa por mala que fuera, con tal de tener tranquilo el corazón. Es un poema del amor visto desde la angustia de un amor perdido, desde una amargura que a la vez ama porque es gracias a ella que puede amar y saber lo que se siente al hacerlo; algo que los bienes materiales nunca le darán.
Frente a esto, vemos otro tipo de amor totalmente distinto en El patriotismo. En este poema, el amor es más metafórico, ya que no es amor hacia una amada, sino hacia una tierra, hacia su patria. Aquí el autor pone en manifiesto un amor hacia su país, que después de haber vivido entre lucha y llanto, por fin ve la paz, por fin ve a sus hijos y por fin tiene un reconocimiento. Es un amor triunfante, que desde la calma recuerda lo malo vivido, y le habla a los futuros hijos de la patria.
Otro poema, con un tema parecido que es el amor a la patria, aunque no igual, es A España, después de la revolución de marzo. En él, vemos en cuanto al tiempo, todo lo contrario al anterior; aquí se mira hacia un pasado bonito desde un presente devastador ante una patria rota por la guerra. Tiene un final esperanzador en el que se visualiza a España resurgiendo de entre sus cenizas.
En Un amante al partir su amada, se refleja lo efímero del amor en contraste con la eternidad del último segundo antes de la despedida. Una vez más vemos la angustia del amor distanciado, con la diferencia de que aquí se palpa cada segundo y cada sensación de la despedida, la cual luego nos dejará sufrimiento y desesperación por ver a la amada marchar y no evitarlo. Sentimos como hiere su alma el pensarla en brazos de otro, y cómo la convence de que nadie la querrá como él. Se nota la desesperación, la cual le hace pedirle al río que sea portavoz de su querer. Tal y como vimos en En una ausencia, presenciamos un amor puro, capaz de todo, con la diferencia de que aquí se inmortaliza el momento del adiós y todos los posterioes pensamientos que conlleva, ya sea el miedo a su rival, o el cómo mandarle su mensaje de amor.