Interpretación del desenlace de Don Juan Tenorio y singularidad como drama romántico

Obra perteneciente a José Zorrilla, datada en la segunda mitad del siglo XIX  -Romanticismo-.




 La segunda parte transcurre en una noche tras cinco años más tarde que el último acto. El drama finaliza cuando el comendador  aparece a modo de espectro para conducir el alma de don Juan al infierno. Doña Inés intercede y logra que ambos suban al cielo entre una apoteósis de ángeles y cantos celestiales -gracias misericordia de Dios y al amor omnipotente de doña Inés.


DOÑA INÉS
No; heme ya aquí,
don Juan; mi mano asegura
esta mano que a la altura
tendió tu contrito afán,
y Dios perdona a don Juan
175
al pie de mi sepultura.
DON JUAN
   ¡Dios clemente! ¡Doña Inés!
DOÑA INÉS
Fantasmas, desvaneceos:

Su fe nos salva... volveos
a vuestros sepulcros, pues
180
la voluntad de Dios es;
de mi alma con la amargura
purifiqué su alma impura,
y Dios concedió a mi afán
la salvación de don Juan
185
al pie de la sepultura.


DON JUAN
   ¡Inés de mi corazón!
DOÑA INÉS
Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.
190

Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura,
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan
195
al pie de la sepultura.
   Cesad, cantos funerales;

(Cesa la música y salmodia.)

 
callad, mortuorias campanas;

(Dejan de tocar a muerto.)

 
ocupad, sombras livianas,
vuestras urnas sepulcrales;
200

(Vuelven los esqueletos a sus tumbas, que se cierran.)

 
volved a los pedestales
animadas esculturas;

(Vuelven las estatuas a sus lugares.)

 
y las celestes venturas
en que los justos están,
empiecen para don Juan
205
en las mismas sepulturas.

(Las flores se abren y dan paso a varios angelitos, que rodean a DOÑA INÉS y a DON JUAN, derramando sobre ellos flores y perfumes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina el teatro con luz de aurora. DOÑA INÉS cae sobre un lecho de flores, que quedará a la vista, en lugar de su tumba, que desaparece.)

 Obtiene semejanzas con obras como Don Álvaro o la fuerza del sino, El estudiante de Salamanca y El convidado de piedra. Zorrilla no respeta la regla barroca de las tres unidades -espacio, tiempo y acción- ya que usa el tiempo como recurso dramático -todo cambia cuando regresa de Italia, entre otras cosas, la muerte de doña Inés-.





 Se fija en doña Inés por una apuesta, ya que para él el amor era algo sin sentimientos -erótico y caprichoso-, pero se enamora en belleza y virtud de ella -visión del amor como fuerza cósmica-. 








 Las características románticas que envuelven el drama son, entre otras, la huida y nostalgia, idolatrísmo, egolatría, el pecado de amor perdonado por Dios, la naturaleza, cosmoproyección del alma del poeta, lugares sombríos -tenebrosos y solitario como por ejemplo el cementerio, el misterio -estatuas y sombras que cobran vida-, predominio del sentimiento sobre la razón, final fatídico -la muerte de los dos enamorados marcan el desdichado final de los enamorados, protagonista como héroe solitario -que no se integra en la sociedad- y adaptado a los cánones físicos y espirituales -semejanza con el diablo-.



 He de exaltar la grandeza del desenlace, puesto que es muy particular en la corriente estética a la que pertenece dicha obra: en el Romanticismo todo conduce hacia la fatalidad y lo trágico, excepto en este final, ya que los enamorados consiguen la salvación espiritual.

Comentarios parciales sobre algunos poemas del siglo XVIII




 

Idilio VI, "A Galatea", Gaspar Melchor de Jovellanos






Obra postbarroca neoclásica: recreación de fuentes clásicas latinas de carácter mitológico. En este caso, perteneciente al dominio de Homero  con su obra  La Odisea, Canto IX. También Garcilaso , Quevedo -ambos en poesía- y Cervantes -en novela- obtuvieron previamente a este autor en el Barroco,  influencias de Homero en el siglo XVII. Dicho canto o poema épico, que oscila en un difícil equilibrio de narración y lirísmo,  -al que está derivado por los demás autores barrocos y neoclásicos-, se centra en un relato de caracter pastoril:  Polifemo, hijo de Poseidón se enamora de Galatea -una hermosa ninfa hija de Nereo- que obtiene un mutuo amor  con un pastor sicialiano llamado Acis. De la comparación entre sus respectivos tratamientos, se concluye que la mayor extensión del texto gongorino se debe a la inserción de un relato nunca antes ensayado, el del proceso de enamoramiento de Acis y Galatea y la culminación sensual del mismo. Jovellanos estila los recursos literarios a la forma gongorina, pero con un  tono peculiar.




Sin duda de las gracias
el coro, a tu lindeza
añade en esta hora
mil perfecciones nuevas:
brilla tu frente hermosa
con luz muy mas serena
y como al cielo el irir,
así tus negras cejas
dividen el nevado
contorno de tu esfera;
tus ojos... Musa mía,
¿cómo tu voz pudiera
los rutilantes ojos
pintar de Galatea?

¿Quién me dará que junte
del sol las luces bellas,
las sombras de la noche
y el fuego de la esfera,
para pintar los brillos,
la gracia y la viveza
de tus divinos ojos,
oh dulce Galatea?
Absorta el alma mía
los mira y los contempla,
sus luces la embriagan,
sus llamas la penetran.





En esta primera parte, el autor deja entrever a través de la descripción de su amada al despertar, cuán enamorado y absorto está de ella, tanto que origina una comparación con Galatea.

                                       


                                                                 
                                                                 El triunfo de Galatea, por Jean Baptiste Van Loo



Veo que en tus mejillas
la rosa bermejea,
y del clavel purpúreo
tus labios son afrenta.
Juegan sobre tu boca
las risas halagüeñas,
y en el ebúrneo pecho
la cándida azucena
derrama su blancura.
¡Ay Dios, cuántas bellezas
mis ojos inflamados
registran en tu esfera!





Así mismo, ambos poemas de Garcilaso -renacentista- y Góngora -procedente del Siglo de Oro Español-, cuyo tópico es el Carpe Diem, Jovellanos los transforma a su libre albedrío en el campo sentimental, lexicalizando algunos recursos literarios, antes empleados por los otros ya mencionados poetas.










Un amante al partir su amada, Nicasio Álvarez de Cienfuegos



 


Es mío, yo lo sé; que en tiernos lazos

mil y mil veces la estreché en mis brazos,

y al suyo uní mi corazón ardiente,
y juntos palpitaron blandamente,
jurando amarse hasta la tumba fría.
¡Oh memoria crüel! ¿Adónde han ido

tantos, tantos placeres? Laura mía,
¿dónde estás? ¿dónde estás? ¿Que ya mi oído
no escuchará tu voz armonïosa,
mucho más dulce que la miel hiblea?

¿que sin cesar mi vista lagrimosa
te buscará sin encontrarte? Al Prado,
que tantas veces a tu tierno lado
me vio, soberbio en mi feliz ventura,

iré, por ti preguntaré, y el Prado,
«No está aquí», me dirá; y en la amargura
de mi acerbo dolor, cuantos lugares
allí tocó tu delicada planta
todos los regaré con largo llanto,
en cada cual hallando mil pesares
con mil recuerdos. Bajaré perdido
a las Delicias, y con triste acento
«Laura, mi Laura», clamaré, y el viento
mi voz se llevará, y allí tendido
sobre la dura solitaria arena,
pondrase el sol, y seguirá mi pena.







Encontramos en este segundo momento dentro de la producción poética de Cienfuegos la combinación de los ideales denominados prerrománticos de humanitarismo, igualdad, libertad, justicia, amor al progreso, amistad, fraternidad universal, etc. con algunos de los temas o motivos que imperarían en la época romántica -soledad, muerte, desengaño amoroso, despedida de los amantes, la noche...- teñidos de un profundo pesimismo vital y expresados mediante un lenguaje que supone un ahondamiento en la sentimentalidad, que busca el patetismo, la expresión exaltada, el ritmo entrecortado y nervioso, en la línea de algunas de las composiciones de Jovellanos o de Meléndez Valdés; un lenguaje que pretende ser expresión directa, espontánea de un yo desarmónico, apasionado, en conflicto.








En una Ausencia, José Blanco White



¿ Dónde estás que no te encuentro,
dulce amor del alma mía?
¡Maldición eterna el día
que arrancó mi bien de mí¡
¿ Dónde están aquellas horas
que el amor me dio en tus brazos?
¿ Quién rompió los tiernos brazos
con que unido estuve a ti?
Hado bárbaro me sigue,
no hay mudanza en mi fortuna:
infeliz desde la cuna
infeliz seré al morir.
 












El autor busca a su amada que no la encuentra. Para él el único bien terrenal es ella. Culpa a una divinidad de habérsela usurpado. Muestra un claro ejemplo prerromántico de pesimismo vital haciendo énfasis en que nació y morirá desdichado al no estar junto a su estimada de nuevo.

La Regenta

«Con Octubre muere en Vetusta el buen tiempo. Al mediar Noviembre suele lucir el sol una semana, pero como si fuera ya otro sol, que tiene prisa y hace sus visitas de despedida preocupado con los preparativos del viaje del invierno. Puede decirse que es una ironía de buen tiempo lo que se llama el veranillo de San Martín. Los vetustenses no se fían de aquellos halagos de luz y calor y se abrigan y buscan su manera peculiar de pasar la vida a nado durante la estación odiosa que se prolonga hasta fines de Abril próximamente. Son anfibios que se preparan a vivir debajo de agua la temporada que su destino les condena a este elemento. Unos protestan todos los años haciéndose de nuevas y diciendo: «¡Pero ve usted qué tiempo!» Otros, más filósofos, se consuelan pensando que a las muchas lluvias se debe la fertilidad y hermosura del suelo. «O el cielo o el suelo, todo no puede ser».
Ana Ozores no era de los que se resignaban. Todos los años, al oír las campanas doblar tristemente el día de los Santos, por la tarde, sentía una angustia nerviosa que encontraba pábulo en los objetos exteriores, y sobre todo en la perspectiva ideal de un invierno, de otro invierno húmedo, monótono, interminable, que empezaba con el clamor de aquellos bronces.
Aquel año la tristeza había aparecido a la hora de siempre.
Estaba Ana sola en el comedor. Sobre la mesa quedaban la cafetera de estaño, la taza y la copa en que había tomado café y anís don Víctor, que ya estaba en el Casino jugando al ajedrez. Sobre el platillo de la taza yacía medio puro apagado, cuya ceniza formaba repugnante amasijo impregnado del café frío derramado. Todo esto miraba la Regenta con pena, como si fuesen ruinas de un mundo. La insignificancia de aquellos objetos que contemplaba le partía el alma; se le figuraba que eran símbolo del universo, que era así, ceniza, frialdad, un cigarro abandonado a la mitad por el hastío del fumador. Además, pensaba en el marido incapaz de fumar un puro entero y de querer por entero a una mujer. Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro.
Todas estas locuras las pensaba, sin querer, con mucha formalidad. Las campanas comenzaron a sonar con la terrible promesa de no callarse en toda la tarde ni en toda la noche. Ana se estremeció. Aquellos martillazos estaban destinados a ella; aquella maldad impune, irresponsable, mecánica del bronce repercutiendo con tenacidad irritante, sin por qué ni para qué, sólo por la razón universal de molestar, creíala descargada sobre su cabeza[…]
[…] Se asomó al balcón. Por la plaza pasaba todo el vecindario de la Encimada camino del cementerio, que estaba hacia el Oeste, más allá del Espolón sobre un cerro. Llevaban los vetustenses los trajes de cristianar; criadas, nodrizas, soldados y enjambres de chiquillos eran la mayoría de los transeúntes; hablaban a gritos, gesticulaban alegres; de fijo no pensaban en los muertos. Niños y mujeres del pueblo pasaban también, cargados de coronas fúnebres baratas, de cirios flacos y otros adornos de sepultura. De vez en cuando un lacayo de librea, un mozo de cordel atravesaban la plaza abrumados por el peso de colosal corona de siemprevivas, de blandones como columnas, y catafalcos portátiles. Era el luto oficial de los ricos que sin ánimo o tiempo para visitar a sus muertos les mandaban aquella especie de besa-la-mano. Las personas decentes no llegaban al cementerio; las señoritas emperifolladas no tenían valor para entrar allí y se quedaban en el Espolón paseando, luciendo los trapos y dejándose ver, como los demás días del año. Tampoco se acordaban de los difuntos; pero lo disimulaban; los trajes eran obscuros, las conversaciones menos estrepitosas que de costumbre, el gesto algo más compuesto... Se paseaba en el Espolón como se está en una visita de duelo en los momentos en que no está delante ningún pariente cercano del difunto. Reinaba una especie de discreta alegría contenida[…]


Nos encontramos ante un fragmento en prosa de La Regenta, obra de Leopoldo Alas, Clarín. El discurso que predomina es el descriptivo y el narrativo: Se asomó al balcón... Sobre todo el primero. Se describe cómo reaccionan los vetustenses ante la llegada del invierno, el estado anímico de Ana Ozores la tarde del Día de Todos los Santos, la forma de venerar los vecinos a sus muertos, etc.
 Describe del tiempo en Vetusta durante el Otoño y descripción de cómo sus habitantes viven el cambio de estación. Incluye de la protagonista dentro del bando de los no resignados ante la llegada del Invierno, que para Ana comenzaba el día de Todos los Santos. Describe del estado de ánimo de la protagonista esa tarde y trato dispensado a los muertos según la clase social de la ciudad.

Tiene como tema la descripción del estado de soledad y tristeza de la Regenta la tarde del día de Todos los Santos y descripción del comportamiento de los vetustenses en la visita al cementerio.

Presenta caracteristicas propias de la novela realista. Estas son algunas de ellas: la novela realista se convierte en muchas ocasiones en una novela psicológica que analiza meticulosamente las vivencias y la forma de ser de sus protagonistas. Uno de los procedimientos más utilizado a este fin es el estilo indirecto libre[1], para reproducir las ideas de un personaje: “Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro” 43, 42 Y 44.
Punto de vista narrativo propio del autor omnisciente: conoce hasta los secretos más profundos de sus personajes: sabe lo que han hecho y anticipa el futuro, propia de una actitud demiurga.
Aunque la novela se centra en el análisis psicológico de los personajes, la ciudad de Oviedo, con el retrato de sus costumbres, tiene cierto protagonismo. Casi todos los escritores realistas escriben sobre su ciudad natal. Por otra parte podemos señalar la observación rigurosa de la realidad circundante: costumbres de los vetustenses.
La novela recoge hechos contemporáneos al autor.

La protagonista es problemática: Ana Ozores es una mujer con muchos conflictos interiores a consecuencia de un matrimonio no muy afortunado.

Tarea 3

Llevaré a cabo la comparación de La dama pálida de Alejandro Dumas con El estudiante de Salamanca de José de Espronceda partiendo de algunos aspectos.

Comencemos por los personajes. A pesar de que Edvige y Elvira poseen personalidades completamente diferentes (partiendo de la base de que en El estudiante de Salamanca es algo difícil conocer a fondo la personalidad de Elvira) , ambas han sentido que su vida se iba perdiendo a causa de terceras personas (u otros seres), aunque el final de ambas haya sido distinto. 

Son muy diferentes, sin embargo, si nos quedamos con la esencia de ellos, veremos que ambos se centran en mujeres que pierden su energía vital por obra de otros. Sin embargo, el final de ambas es bastante diferente, Elvira muere sin remedio, sin embargo, Edvige sobrevive.

Ahora nos centraremos en otros dos personajes. Estos son Kostaki y Felix de Montemar. Aunque a primera vista no lo parezca, ambos comparten ciertas similitudes. Son hombres movidos por sus pasiones, que no muestran ni una pizca de sentido moral ni de apego a las normas.

 Kostaki, la indomable criatura que viste, para quien son leyes sólo sus pasiones, que nada tiene por sagrado aquí abajo fuera de su madre...

Y por supuesto, en ambas obras podemos encontrar menciones a los infiernos en interacciones o descripciones de esos personajes.

...luego no has recibido una misión divina sino infernal; luego has salido
de tu tumba no como una sombra santa sino como un espectro maldito, y volverás a tu tumba.

Grandiosa, satánica figura, .
alta la frente, Montemar camina,
espíritu sublime en su locura,
provocando la cólera divina:
fábrica frágil de materia impura:

Ahora nos centraremos en los ambientes en los que se desenvuelven ambas obras. Aunque estén situadas en puntos diferentes del mundo, en las dos podemos ver esos ambientes lúgubres, siniestros e incluso sobrecogedores tan propios del Romanticismo.


En cualquier otra circunstancia, en medio de aquel cementerio, cerca de aquella tumba abierta, con aquellos dos cadáveres yaciendo uno junto al otro, hubiera enloquecido;

Hay otra característica que ambas obras comparten, esta es la importancia de los duelos. En ambas creaciones, la cúspide de la trama se da en un duelo entre dos personajes, algo que también es bastante frecuente en la literatura del Romanticismo.

El último aspecto que mencionaremos acerca de esta comparación es que en ambas obras se hacen menciones  a cierto personaje, bastante recurrente en la literatura: el Don Juan, dejando así clara una cierta similitud de algunos aspectos de las respectivas creaciones. Por lo tanto, la lógica nos dice que si existe una cierta relación de parecido entre La dama pálida y El estudiante de Salamanca, aunque esta descanse sobre el hecho de que ambas obras pertenecen al Romanticismo.

Era algo semejante al pasaje de don Juan y el comendador.

El estudiante de Salamanca relata la
historia de Félix de Montemar, un donjuán, que seduce a Elvira y con cuyo esqueleto es obligado a casarse;
Montemar es un “héroe satánico” que se opone a cualquier ley que limite su libertad, y hace siempre lo
que quiere sin preocuparse de las consecuencias .Al describir a Elvira la presenta como el prototipo de mujer romántica, por sus ojos lánguidos, por su timidez e inocencia, por su irremediable abandono amoroso y por su locura final. Esta obra incluye todos las características románticas, por lo que es una de las mejores representaciones del Romanticismo español (hay quién lo considera superior a las leyendas del Duque de Rivas y Zorrilla, y que aventaja a veces a los poemas de lord Bayron, Parisina, Mazeppa, Manfred, The Island). Varios temas de los usados forman ya parte de la tradición: la locura del protagonista, la ronda espectral, la visión del propio entierro y la mujer transformada en esqueleto.
A través de sus 1.704 versos ‘desarrolla una formulación romántica del conflicto entre la felicidad y la desdicha, entre la realidad y el sueño de una perdida felicidad inocente’.
El Estudiante de Salamanca es un cuento narrativo, es decir el relato de una historia, pero asimismo es la expresión lírica de la rebeldía, y al propio tiempo u diálogo dramático (parte tercera), dándose por tanto una de las características propias del romanticismo la mezcla de géneros en la misma obra.

Los antecedentes del Estudiante de Salamanca se encuentra en dos leyendas de la tradición literaria española: la del Burlador de Sevilla y la del Estudiante Lisardo.

Es admirable el paralelismo que ese estable entre la forma y el contenido. En los versos se repiten una seria de armonías e inarmonías, de simetrías y alternancias, de consonancias y asonancias. Tiene una versificación polimétrica que está íntimamente relacionada con las variaciones del tema, unos cambios de métrica y ritmo condicionados por el contenido. En los momentos de más tensión los versos son máscortos lo que da la impresión de que la acción transcurre más deprisa. Otros momentos como los de euforia, énfasis, melancolía y la lóbrega danza fúnebre los versos también son diferentes. Utiliza una veintena de estructuras métricas distintas, con alunas formas amétricas que no se ajustan a los esquemas acostumbrados. La semblanza de don Félix está compuesta en octavillas (aabb´-ccb´). En cambio, para el retrato romántico de Elvira prefiere la octava real (ABABABCC). El dinámico recorrido por las calles solitarias salta de la breve serie de hexasílabos al romance octosílabo de acentuación aguda. Sin embargo, en el tenebroso desfile fúnebre utiliza el dodecasílabo. Los últimos 300 versos se estructuran en escalas métricas ascendentes y descendentes. El momento culminante de las bodas macabras está narrado en serventesios. En definitiva, la métrica tiende a adaptarse al movimiento del asunto.
El nivel léxico de la obra posee una riqueza poco frecuente en la poesía romántica española. Un rasgo característico son las enumeraciones, de forma ordenada o no, con la estructura asindética o polisindética. Las enumeraciones de los adjetivos aparecen aisladas o se suman a los sustantivos, pero siempre aportan plasticidad, dinamismo o tensiones. Abunda la yuxtaposición de distintas oraciones, como por ejemplo:
La vi, me amó, creció el juego,
Se murió, no es culpa mía.
La adjetivación también tiene gran relevancia en este texto. Los adjetivos se acumulan, se anteponen preferentemente al sustantivo, lo rodean. Las sensaciones del entorno se reflejan constantemente a lo largo del poema. Predominan en las visualizaciones plásticas de colores blanco, negro, sombrío, oscuro. También podemos encontrar lagunas percepciones táctiles: “áspero”, “duro”, “blando”, “suave”, “mullido”, “tiernos”, “recio”… y los adjetivos cinéticos: “rápido”, “veloz”, “raudo”…
Los epítetos tradicionales abundan en las partes más tranquilas del poema: “fragantes flores”, “sol radiante”.
Espronceda utiliza una forma subjetiva de adjetivar, una especial concepción del mundo.El poeta rompe con la ordenación tradicional. Espronceda desarrolla una formulación romántica del conflicto entre la felicidad y la desdicha, entre la realidad y el sueño de una perdida felicidad inocente.
El autor rompe con la cronología lineal, propia dela vieja literatura, acaba con la secuencia temporal del relato.


En esta larga cita de Castellanos se amontonan los principales reproches que se hacen al romántico: su ridícula apariencia, que se describe con detalle y las monstruosas creaciones de su literatura. El otro relato, «Él y Ella. Cuento Romántico», nos presenta una pareja de enamorados que, dando un romántico paseo nocturno, caen en una alcantarilla; ante la visión de dos sombras amenazadoras él huye y la joven descubre que se trata de un burro y un cerdo, refugiados después en una oscura casa oyen conversaciones de muerte y creen estar a punto de ser asesinados, imploran piedad y descubren que están en un matadero de corderos, etc.
El romanticismo en estos cuentos, es sistemáticamente asociado con lo negativo. El protagonista de «Él y Ella» le dice a su amada tras caer en la alcantarilla y estar llena de porquería: «con estas manchas me pareces más hermosa que nunca. Esa hediondez despide para mí emanaciones de ambrosía y tu descompostura halaga mi corazón: estás más romántica». Cuando más adelante abandona ante el peligro a su amada lo justifica de esta forma: «es muy romántico el tener miedo y yo soy muy romántico».
Antiromántico también, pero serio y trágico, es otro cuento que ya vimos en su momento, «La Interpretación de un Cuadro» que trata sobre el suicidio de Mariano José de Larra. A lo largo del relato el narrador se dirige alternativamente al lector, a la hija del futuro suicida, o a éste mismo, un enfermo de la «feroz pasión» romántica.
En una estancia adornada con los paramentos del lujo en la cual habitaba por un lado el genio de las letras, el genio del saber y por otro el peligroso orgullo y cuyas armas eran las emponzoñadas miasmas de las pasiones se ve un joven triste a las veces, feroz otra y loco otras.
[...] Una niña, abrazada a su pensativo padre, le acaricia sin lograr alejarle de la criminal idea que concibiera.
[...] No te separes de él, ángel de paz. Tu presencia celestial detiene la suicida mano [...]
[...] Qué vas a hacer infeliz...!!! Detén, por piedad la criminal mano: no es tuya esa vida que posees, es de tu hija, de tu patria, de tu Dios.

Pero no obstante estos ataques al romanticismo tenemos cuentos que acumulan características románticas, algunos hasta la exageración. Un caso evidente es el de «Fragmentos de un Delirio» de Bernardino Núñez de Arenas. Un narrador que odia al género humano contempla en la orilla, tras una larga y solitaria meditación, como un madre y su hijo están a punto de ahogarse y los salva a ambos aunque en principio piensa dejar morir a la madre y salvar al niño sólo, porque aún no ha tenido tiempo de ser desgraciado. Huye de ellos, una vez salvados y al comprobar que se ha enternecido, para no envolverles en su destino. Se trata de un monólogo interior con abundantes manifestaciones del satanismo y del odio a la sociedad del héroe romántico.