La segunda parte transcurre en una noche tras cinco años más tarde que el último acto. El drama finaliza cuando el comendador aparece a modo de espectro para conducir el alma de don Juan al infierno. Doña Inés intercede y logra que ambos suban al cielo entre una apoteósis de ángeles y cantos celestiales -gracias misericordia de Dios y al amor omnipotente de doña Inés.
Se fija en doña Inés por una apuesta, ya que para él el amor era algo sin sentimientos -erótico y caprichoso-, pero se enamora en belleza y virtud de ella -visión del amor como fuerza cósmica-.
Las características románticas que envuelven el drama son, entre otras, la huida y nostalgia, idolatrísmo, egolatría, el pecado de amor perdonado por Dios, la naturaleza, cosmoproyección del alma del poeta, lugares sombríos -tenebrosos y solitario como por ejemplo el cementerio, el misterio -estatuas y sombras que cobran vida-, predominio del sentimiento sobre la razón, final fatídico -la muerte de los dos enamorados marcan el desdichado final de los enamorados, protagonista como héroe solitario -que no se integra en la sociedad- y adaptado a los cánones físicos y espirituales -semejanza con el diablo-.
He de exaltar la grandeza del desenlace, puesto que es muy particular en la corriente estética a la que pertenece dicha obra: en el Romanticismo todo conduce hacia la fatalidad y lo trágico, excepto en este final, ya que los enamorados consiguen la salvación espiritual.





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