Interpretación del desenlace de Don Juan Tenorio y singularidad como drama romántico

Obra perteneciente a José Zorrilla, datada en la segunda mitad del siglo XIX  -Romanticismo-.




 La segunda parte transcurre en una noche tras cinco años más tarde que el último acto. El drama finaliza cuando el comendador  aparece a modo de espectro para conducir el alma de don Juan al infierno. Doña Inés intercede y logra que ambos suban al cielo entre una apoteósis de ángeles y cantos celestiales -gracias misericordia de Dios y al amor omnipotente de doña Inés.


DOÑA INÉS
No; heme ya aquí,
don Juan; mi mano asegura
esta mano que a la altura
tendió tu contrito afán,
y Dios perdona a don Juan
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al pie de mi sepultura.
DON JUAN
   ¡Dios clemente! ¡Doña Inés!
DOÑA INÉS
Fantasmas, desvaneceos:

Su fe nos salva... volveos
a vuestros sepulcros, pues
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la voluntad de Dios es;
de mi alma con la amargura
purifiqué su alma impura,
y Dios concedió a mi afán
la salvación de don Juan
185
al pie de la sepultura.


DON JUAN
   ¡Inés de mi corazón!
DOÑA INÉS
Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.
190

Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura,
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan
195
al pie de la sepultura.
   Cesad, cantos funerales;

(Cesa la música y salmodia.)

 
callad, mortuorias campanas;

(Dejan de tocar a muerto.)

 
ocupad, sombras livianas,
vuestras urnas sepulcrales;
200

(Vuelven los esqueletos a sus tumbas, que se cierran.)

 
volved a los pedestales
animadas esculturas;

(Vuelven las estatuas a sus lugares.)

 
y las celestes venturas
en que los justos están,
empiecen para don Juan
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en las mismas sepulturas.

(Las flores se abren y dan paso a varios angelitos, que rodean a DOÑA INÉS y a DON JUAN, derramando sobre ellos flores y perfumes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina el teatro con luz de aurora. DOÑA INÉS cae sobre un lecho de flores, que quedará a la vista, en lugar de su tumba, que desaparece.)

 Obtiene semejanzas con obras como Don Álvaro o la fuerza del sino, El estudiante de Salamanca y El convidado de piedra. Zorrilla no respeta la regla barroca de las tres unidades -espacio, tiempo y acción- ya que usa el tiempo como recurso dramático -todo cambia cuando regresa de Italia, entre otras cosas, la muerte de doña Inés-.





 Se fija en doña Inés por una apuesta, ya que para él el amor era algo sin sentimientos -erótico y caprichoso-, pero se enamora en belleza y virtud de ella -visión del amor como fuerza cósmica-. 








 Las características románticas que envuelven el drama son, entre otras, la huida y nostalgia, idolatrísmo, egolatría, el pecado de amor perdonado por Dios, la naturaleza, cosmoproyección del alma del poeta, lugares sombríos -tenebrosos y solitario como por ejemplo el cementerio, el misterio -estatuas y sombras que cobran vida-, predominio del sentimiento sobre la razón, final fatídico -la muerte de los dos enamorados marcan el desdichado final de los enamorados, protagonista como héroe solitario -que no se integra en la sociedad- y adaptado a los cánones físicos y espirituales -semejanza con el diablo-.



 He de exaltar la grandeza del desenlace, puesto que es muy particular en la corriente estética a la que pertenece dicha obra: en el Romanticismo todo conduce hacia la fatalidad y lo trágico, excepto en este final, ya que los enamorados consiguen la salvación espiritual.

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