Idilio VI, "A Galatea", Gaspar Melchor de Jovellanos
Obra postbarroca neoclásica: recreación de fuentes clásicas latinas de carácter mitológico. En este caso, perteneciente al dominio de Homero con su obra La Odisea, Canto IX. También Garcilaso , Quevedo -ambos en poesía- y Cervantes -en novela- obtuvieron previamente a este autor en el Barroco, influencias de Homero en el siglo XVII. Dicho canto o poema épico, que oscila en un difícil equilibrio de narración y lirísmo, -al que está derivado por los demás autores barrocos y neoclásicos-, se centra en un relato de caracter pastoril: Polifemo, hijo de Poseidón se enamora de Galatea -una hermosa ninfa hija de Nereo- que obtiene un mutuo amor con un pastor sicialiano llamado Acis. De la comparación entre sus respectivos tratamientos, se concluye que la mayor extensión del texto gongorino se debe a la inserción de un relato nunca antes ensayado, el del proceso de enamoramiento de Acis y Galatea y la culminación sensual del mismo. Jovellanos estila los recursos literarios a la forma gongorina, pero con un tono peculiar.
Sin duda de las gracias
el coro, a tu lindeza
añade en esta hora
mil perfecciones nuevas:
brilla tu frente hermosa
con luz muy mas serena
y como al cielo el irir,
así tus negras cejas
dividen el nevado
contorno de tu esfera;
tus ojos... Musa mía,
¿cómo tu voz pudiera
los rutilantes ojos
pintar de Galatea?
¿Quién me dará que junte
del sol las luces bellas,
las sombras de la noche
y el fuego de la esfera,
para pintar los brillos,
la gracia y la viveza
de tus divinos ojos,
oh dulce Galatea?
Absorta el alma mía
los mira y los contempla,
sus luces la embriagan,
sus llamas la penetran.
En esta primera parte, el autor deja entrever a través de la descripción de su amada al despertar, cuán enamorado y absorto está de ella, tanto que origina una comparación con Galatea.
Veo que en tus mejillas
la rosa bermejea,
y del clavel purpúreo
tus labios son afrenta.
Juegan sobre tu boca
las risas halagüeñas,
y en el ebúrneo pecho
la cándida azucena
derrama su blancura.
¡Ay Dios, cuántas bellezas
mis ojos inflamados
registran en tu esfera!
Así mismo, ambos poemas de Garcilaso -renacentista- y Góngora -procedente del Siglo de Oro Español-, cuyo tópico es el Carpe Diem, Jovellanos los transforma a su libre albedrío en el campo sentimental, lexicalizando algunos recursos literarios, antes empleados por los otros ya mencionados poetas.
Un amante al partir su amada, Nicasio Álvarez de Cienfuegos
Es mío, yo lo sé; que en tiernos lazos
mil y mil veces la estreché en mis brazos,
y al suyo uní mi corazón ardiente,
y juntos palpitaron blandamente,
jurando amarse hasta la tumba fría.
¡Oh memoria crüel! ¿Adónde han ido
tantos, tantos placeres? Laura mía,
¿dónde estás? ¿dónde estás? ¿Que ya mi oído
no escuchará tu voz armonïosa,
mucho más dulce que la miel hiblea?
¿que sin cesar mi vista lagrimosa
te buscará sin encontrarte? Al Prado,
que tantas veces a tu tierno lado
me vio, soberbio en mi feliz ventura,
iré, por ti preguntaré, y el Prado,
«No está aquí», me dirá; y en la amargura
de mi acerbo dolor, cuantos lugares
allí tocó tu delicada planta
todos los regaré con largo llanto,
en cada cual hallando mil pesares
con mil recuerdos. Bajaré perdido
a las Delicias, y con triste acento
«Laura, mi Laura», clamaré, y el viento
mi voz se llevará, y allí tendido
sobre la dura solitaria arena,
pondrase el sol, y seguirá mi pena.
Encontramos en este segundo momento dentro de la producción poética de Cienfuegos la combinación de los ideales denominados prerrománticos de humanitarismo, igualdad, libertad, justicia, amor al progreso, amistad, fraternidad universal, etc. con algunos de los temas o motivos que imperarían en la época romántica -soledad, muerte, desengaño amoroso, despedida de los amantes, la noche...- teñidos de un profundo pesimismo vital y expresados mediante un lenguaje que supone un ahondamiento en la sentimentalidad, que busca el patetismo, la expresión exaltada, el ritmo entrecortado y nervioso, en la línea de algunas de las composiciones de Jovellanos o de Meléndez Valdés; un lenguaje que pretende ser expresión directa, espontánea de un yo desarmónico, apasionado, en conflicto.
En una Ausencia, José Blanco White
¿ Dónde estás que no te encuentro,
dulce amor del alma mía?
¡Maldición eterna el día
que arrancó mi bien de mí¡
¿ Dónde están aquellas horas
que el amor me dio en tus brazos?
¿ Quién rompió los tiernos brazos
con que unido estuve a ti?
Hado bárbaro me sigue,
no hay mudanza en mi fortuna:
infeliz desde la cuna
infeliz seré al morir.
dulce amor del alma mía?
¡Maldición eterna el día
que arrancó mi bien de mí¡
¿ Dónde están aquellas horas
que el amor me dio en tus brazos?
¿ Quién rompió los tiernos brazos
con que unido estuve a ti?
Hado bárbaro me sigue,
no hay mudanza en mi fortuna:
infeliz desde la cuna
infeliz seré al morir.
El autor busca a su amada que no la encuentra. Para él el único bien terrenal es ella. Culpa a una divinidad de habérsela usurpado. Muestra un claro ejemplo prerromántico de pesimismo vital haciendo énfasis en que nació y morirá desdichado al no estar junto a su estimada de nuevo.



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