Doña Inés y su inocencia

Se ha hablado muchas veces acerca de doña Inés a la hora de estudiar la obra «Don Juan Tenorio». En este caso, nos centraremos en un rasgo en particular de este personaje: su inocencia.

Dichosa mil veces vos;
dichosa, sí, doña Inés,
que no conociendo el mundo,
no le debéis de temer.

De todos es sabido que la hija del comendador es una joven cándida, vista como la viva imagen de la pureza. doña Inés no conoce el mundo exterior y justo eso es lo que le lleva a caer en las redes de don Juan.

Algo que también cabe destacar de la inocencia de doña Inés, es que esa misma le lleva a no reconocer sus propios sentimientos, a no conocer el motivo por el que su mente se nubla o su corazón se agita; pues el hecho de haberse criado en un monasterio, sin llegar a conocer el mundo exterior, le lleva a no tener conocimiento no solo de las cosas, sino también de los sentimientos.

DOÑA INÉS No sé; desde que le vi,
Brígida mía, y su nombre
me dijiste, tengo a ese hombre 
siempre delante de mí.
Por doquiera me distraigo
con su agradable recuerdo,
y si un instante le pierdo,
en su recuerdo recaigo. 
No sé qué fascinación
en mis sentidos ejerce,
que siempre hacia él se me tuerce
la mente y el corazón;

Sin embargo, ese «enamoramiento», es fruto de no haber conocido antes a otro hombre. Si nunca ha conocido varón y de pronto uno le pretende, lo lógico es que caiga en sus redes, algo que es muchísimo más fácil, cuando Brígida le dice a doña Inés que don Juan es el hombre que le comienda su padre, además de estar sugestionándola en todo momento.

La inocencia de doña Inés lleva a que más de una vez, esta sea divinizada, algo que hace un total contraste con la imagen de Don Juan, dicho contraste, puede verse en el título del cuarto acto «El diablo a las puertas del cielo». Como es más que obvio, el diablo representa al burlador y el cielo representa a Doña Inés.

Y ese mismo acto, en la segunda escena, podemos ver como la inocencia de Doña Inés le lleva a ser una mujer muy fácil de engañar, algo que está completamente a favor de Don Juan a la hora de llevar a cabo su cometido.

BRÍGIDA Escuchad.
Estabais en el convento
leyendo con mucho afán
una carta de don Juan,
cuando estalló en un momento 
un incendio formidable.
DOÑA INÉS ¡Jesús!

Y volviendo a la imagen divinizada de doña Inés, señalaremos que esta justo la que se presenta no solo como la amada de don Juan, sino también como su salvación, algo que además de poderse ver en el desenlace, puede verse en el siguiente fragmento:

No amé la hermosura en ella
ni sus gracias adoré;
lo que adoro es la virtud,
don Gonzalo, en doña Inés.
Lo que justicias ni obispos
no pudieron de mí hacer
con cárceles y sermones,
lo pudo su candidez.
Su amor me torna en otro hombre
regenerando mi ser, 
y ella puede hacer un ángel
de quien un demonio fue.

Sin embargo, a pesar de que doña Inés ha sido engañada por su inocencia, esta es justo la que hace que Don Juan caiga en sus redes, es la que hace que «el burlador sea burlado» y que este acabe suplicándole al comendador.

Escucha, pues, don Gonzalo,
lo que te puede ofrecer
el audaz don Juan Tenorio
de rodillas a tus pies.
Yo seré esclavo de tu hija,
en tu casa viviré,
tú gobernarás mi hacienda
diciéndomeesto ha de ser.

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