Análisis de un fragmento de "La Regenta"

Este fragmento de La Regenta (1884-1885) se encuadra dentro del capítulo XXVI, es decir, se incluye dentro de la segunda parte de la novela. En él se muestran los puntos de vista de los diferentes personajes ante la elección de Ana de exhibirse en público el viernes santo, vistiéndose de nazarena y yendo descalza.

El narrador omnisciente nos muestra primero las opiniones que se cuecen en la casa de Vegallana. Por un lado Visitación muestra cierto aire de indignación ante la permisiva de Víctor, por otro la marquesa no consideraba la exhibición de Ana como una muestra de religiosidad, sino como una locura, llegando blasfemar acerca de la labor del nazareno, después tenemos a Obdulia, que mostraba una gran curiosidad al mismo tiempo que una ligera envidia. Dicha curiosidad es satisfecha por doña Petronila que conocía todos los detalles de como iba a ser la aparición de Ana como nazarena, la impresión de las tres damas se acrecienta cuando se menciona el hecho de que Ana irá con los pies desnudos. Finalmente aparece Víctor , que no niega la locura de su mujer, más bien la reitera con tristeza y nerviosismo.

El Viernes Santo el magistral se regodea en su triunfo sobre Vetusta, mientras tanto, Ana está en su casa y el narrador nos muestra sus pensamientos a través del monólogo interior. En este, Ana tampoco niega su locura, es consciente de que va a darse en espectáculo y desea que algo ocurra para aquello no pase, ya que no podía fallar a su palabra.

Clarín nos ofrece los diferentes puntos de vista de los personajes. Las gentes vetustenses muestran cierto recelo hacia la actividad que va a llevar a cabo Ana, todos hablan de ella, del espectáculo que va a ofrecer. Una vez más muestra la forma en la que Vetusta rechaza a las personas que no siguen su rumbo, que no se adaptan al medio. Por otro lado tenemos al magistral, que muestra el gran control que tiene sobre Ana, algo que le dio cierta ventaja para ganar la batalla contra Vetusta.


El monólogo interior de Ana nos lleva a cierto realismo, en el que los pensamientos se expresan sin la intervención del narrador, íntegros y directamente sacados de la mente de nuestra protagonista. 

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