Para comenzar a hablar sobre los disparates de Goya, lo primero que tenemos que tener en cuenta es la definición que le dio el diccionario de autoridades a esa palabra: hecho fuera de propósito y de razón. Ya con esto claro, podremos entender mucho mejor el punto de vista que se nos dio en el congreso de estas estampas.
Dichas estampas siempre se dividen en dos partes completamente antagónicas, por un lado está el bien, que es representado por lo bello, son los liberales; por el otro lado está el absolutismo, que es mal y que es representado por lo grotesco.
Lo que se nos ha expresado en el congreso, es que en lugar de analizar los disparates uno por uno y darle a cada uno de ellos una interpretación diferente, lo que hay que hacer es mirarlos desde la misma perspectiva, como una unidad.
A continuación, dejaré aquí algunas de las descripciones que nos dieron de Los disparates durante el congreso, añadiendo debajo la estampa en cuestión:
Disparate alegre
Los liberales, representados por las mujeres, enfrentados a los serviles, lo deforme, lo grotesco.
Durante el congreso se los dijo que la figura de la mujer representaba a lo bello en los disparates, sin embargo, ya que la libertad es representada por una mujer, ¿no puede ser que estas representen la libertad y no lo bello? Tal vez pueda ser al revés, puede ser la misma libertad la que representa lo bello, es decir si la libertad es bella y la mujer también lo es, la mujer es la libertad.
Disparate de carnaval:
Dos condenados por la inquisición, maniatados y con san benitos y otro con uniforme militar.
Bajo mi punto de vista, tan solo el nombre del disparate es algo que nos puede confundir. Si se llama disparate de carnaval, ¿cómo podemos sabes que llevan san benitos y que no es un simple disfraz? Eso es exactamente lo mismo que nos ocurre con el uniforme militar, que no podemos saber si ese es su oficio o no. Creo que de ahí nace el misterio de esta estampa.
En el momento en el que la charla llegó a su fin, se dio el momento de las preguntas. La pregunta que dio más que hablar fue ¿y qué pasa con los afrancesados?, porque en efecto, no debemos olvidar que Goya fue uno de ellos. En el caso de que la explicación que se nos dio en el congreso acerca de los disparates fuera correcta, tendría que haber un motivo por el que ese colectivo no hubiera sido incluido en esas estampas. Lo más lógico sería pensar que quizá no lo incluyó por «no echarle más leña al fuego», que fue una de las respuestas que se dieron.
Análisis de un fragmento de "La Regenta"
Este
fragmento de La Regenta (1884-1885)
se encuadra dentro del capítulo XXVI, es decir, se incluye dentro de
la segunda parte de la novela. En él se muestran los puntos de vista
de los diferentes personajes ante la elección de Ana de exhibirse en
público el viernes santo, vistiéndose de nazarena y yendo descalza.
El
narrador omnisciente nos muestra primero las opiniones que se cuecen
en la casa de Vegallana. Por un lado Visitación muestra cierto aire
de indignación ante la permisiva de Víctor, por otro la marquesa no
consideraba la exhibición de Ana como una muestra de religiosidad,
sino como una locura, llegando blasfemar acerca de la labor del
nazareno, después tenemos a Obdulia, que mostraba una gran
curiosidad al mismo tiempo que una ligera envidia. Dicha curiosidad
es satisfecha por doña Petronila que conocía todos los detalles de
como iba a ser la aparición de Ana como nazarena, la impresión de
las tres damas se acrecienta cuando se menciona el hecho de que Ana
irá con los pies desnudos. Finalmente aparece Víctor , que no niega
la locura de su mujer, más bien la reitera con tristeza y
nerviosismo.
El
Viernes Santo el magistral se regodea en su triunfo sobre Vetusta,
mientras tanto, Ana está en su casa y el narrador nos muestra sus
pensamientos a través del monólogo interior. En este, Ana tampoco
niega su locura, es consciente de que va a darse en espectáculo y
desea que algo ocurra para aquello no pase, ya que no podía fallar a
su palabra.
Clarín
nos ofrece los diferentes puntos de vista de los personajes. Las
gentes vetustenses muestran cierto recelo hacia la actividad que va a
llevar a cabo Ana, todos hablan de ella, del espectáculo que va a
ofrecer. Una vez más muestra la forma en la que Vetusta rechaza a
las personas que no siguen su rumbo, que no se adaptan al medio. Por
otro lado tenemos al magistral, que muestra el gran control que tiene
sobre Ana, algo que le dio cierta ventaja para ganar la batalla
contra Vetusta.
El
monólogo interior de Ana nos lleva a cierto realismo, en el que los
pensamientos se expresan sin la intervención del narrador, íntegros
y directamente sacados de la mente de nuestra protagonista.
Doña Inés y su inocencia
Se ha hablado muchas veces acerca de doña Inés a la hora de estudiar la obra «Don Juan Tenorio». En este caso, nos centraremos en un rasgo en particular de este personaje: su inocencia.
Dichosa mil veces vos;
dichosa, sí, doña Inés,
que no conociendo el mundo,
no le debéis de temer.
De todos es sabido que la hija del comendador es una joven cándida, vista como la viva imagen de la pureza. doña Inés no conoce el mundo exterior y justo eso es lo que le lleva a caer en las redes de don Juan.
Algo que también cabe destacar de la inocencia de doña Inés, es que esa misma le lleva a no reconocer sus propios sentimientos, a no conocer el motivo por el que su mente se nubla o su corazón se agita; pues el hecho de haberse criado en un monasterio, sin llegar a conocer el mundo exterior, le lleva a no tener conocimiento no solo de las cosas, sino también de los sentimientos.
DOÑA INÉS No sé; desde que le vi,
Brígida mía, y su nombre
me dijiste, tengo a ese hombre
siempre delante de mí.
Por doquiera me distraigo
con su agradable recuerdo,
y si un instante le pierdo,
en su recuerdo recaigo.
No sé qué fascinación
en mis sentidos ejerce,
que siempre hacia él se me tuerce
la mente y el corazón;
Sin embargo, ese «enamoramiento», es fruto de no haber conocido antes a otro hombre. Si nunca ha conocido varón y de pronto uno le pretende, lo lógico es que caiga en sus redes, algo que es muchísimo más fácil, cuando Brígida le dice a doña Inés que don Juan es el hombre que le comienda su padre, además de estar sugestionándola en todo momento.
La inocencia de doña Inés lleva a que más de una vez, esta sea divinizada, algo que hace un total contraste con la imagen de Don Juan, dicho contraste, puede verse en el título del cuarto acto «El diablo a las puertas del cielo». Como es más que obvio, el diablo representa al burlador y el cielo representa a Doña Inés.
Y ese mismo acto, en la segunda escena, podemos ver como la inocencia de Doña Inés le lleva a ser una mujer muy fácil de engañar, algo que está completamente a favor de Don Juan a la hora de llevar a cabo su cometido.
BRÍGIDA Escuchad.
Estabais en el convento
leyendo con mucho afán
una carta de don Juan,
cuando estalló en un momento
un incendio formidable.
DOÑA INÉS ¡Jesús!
Y volviendo a la imagen divinizada de doña Inés, señalaremos que esta justo la que se presenta no solo como la amada de don Juan, sino también como su salvación, algo que además de poderse ver en el desenlace, puede verse en el siguiente fragmento:
No amé la hermosura en ella
ni sus gracias adoré;
lo que adoro es la virtud,
don Gonzalo, en doña Inés.
Lo que justicias ni obispos
no pudieron de mí hacer
con cárceles y sermones,
lo pudo su candidez.
Su amor me torna en otro hombre
regenerando mi ser,
y ella puede hacer un ángel
de quien un demonio fue.
Sin embargo, a pesar de que doña Inés ha sido engañada por su inocencia, esta es justo la que hace que Don Juan caiga en sus redes, es la que hace que «el burlador sea burlado» y que este acabe suplicándole al comendador.
Escucha, pues, don Gonzalo,
lo que te puede ofrecer
el audaz don Juan Tenorio
de rodillas a tus pies.
Yo seré esclavo de tu hija,
en tu casa viviré,
tú gobernarás mi hacienda
diciéndomeesto ha de ser.
Dichosa mil veces vos;
dichosa, sí, doña Inés,
que no conociendo el mundo,
no le debéis de temer.
De todos es sabido que la hija del comendador es una joven cándida, vista como la viva imagen de la pureza. doña Inés no conoce el mundo exterior y justo eso es lo que le lleva a caer en las redes de don Juan.
Algo que también cabe destacar de la inocencia de doña Inés, es que esa misma le lleva a no reconocer sus propios sentimientos, a no conocer el motivo por el que su mente se nubla o su corazón se agita; pues el hecho de haberse criado en un monasterio, sin llegar a conocer el mundo exterior, le lleva a no tener conocimiento no solo de las cosas, sino también de los sentimientos.
DOÑA INÉS No sé; desde que le vi,
Brígida mía, y su nombre
me dijiste, tengo a ese hombre
siempre delante de mí.
Por doquiera me distraigo
con su agradable recuerdo,
y si un instante le pierdo,
en su recuerdo recaigo.
No sé qué fascinación
en mis sentidos ejerce,
que siempre hacia él se me tuerce
la mente y el corazón;
Sin embargo, ese «enamoramiento», es fruto de no haber conocido antes a otro hombre. Si nunca ha conocido varón y de pronto uno le pretende, lo lógico es que caiga en sus redes, algo que es muchísimo más fácil, cuando Brígida le dice a doña Inés que don Juan es el hombre que le comienda su padre, además de estar sugestionándola en todo momento.
La inocencia de doña Inés lleva a que más de una vez, esta sea divinizada, algo que hace un total contraste con la imagen de Don Juan, dicho contraste, puede verse en el título del cuarto acto «El diablo a las puertas del cielo». Como es más que obvio, el diablo representa al burlador y el cielo representa a Doña Inés.
Y ese mismo acto, en la segunda escena, podemos ver como la inocencia de Doña Inés le lleva a ser una mujer muy fácil de engañar, algo que está completamente a favor de Don Juan a la hora de llevar a cabo su cometido.
BRÍGIDA Escuchad.
Estabais en el convento
leyendo con mucho afán
una carta de don Juan,
cuando estalló en un momento
un incendio formidable.
DOÑA INÉS ¡Jesús!
Y volviendo a la imagen divinizada de doña Inés, señalaremos que esta justo la que se presenta no solo como la amada de don Juan, sino también como su salvación, algo que además de poderse ver en el desenlace, puede verse en el siguiente fragmento:
No amé la hermosura en ella
ni sus gracias adoré;
lo que adoro es la virtud,
don Gonzalo, en doña Inés.
Lo que justicias ni obispos
no pudieron de mí hacer
con cárceles y sermones,
lo pudo su candidez.
Su amor me torna en otro hombre
regenerando mi ser,
y ella puede hacer un ángel
de quien un demonio fue.
Sin embargo, a pesar de que doña Inés ha sido engañada por su inocencia, esta es justo la que hace que Don Juan caiga en sus redes, es la que hace que «el burlador sea burlado» y que este acabe suplicándole al comendador.
Escucha, pues, don Gonzalo,
lo que te puede ofrecer
el audaz don Juan Tenorio
de rodillas a tus pies.
Yo seré esclavo de tu hija,
en tu casa viviré,
tú gobernarás mi hacienda
diciéndomeesto ha de ser.
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