Voy a hacer una comparación entre dos poemas que he elegido, En una ausencia» de Blanco White y A una muchacha llorando por Ebn Al Rumí del Conde de Noroña, desde la perspectiva del amor.
Un tema que es recurrente en la literatura cuya presencia ha estado latente en la poesía desde su comienzo y que nos permite conocer la sensibilidad, en cierto modo, de los grandes poetas y de su forma de ver y conocer -o desconocer- el amor.
He elegido dos poemas en los que el amor se trata de manera totalmente distinta. En el poema de Blanco White nos encontramos con un amor -como bien recoge el título- ausente.
El amante sufre nostalgia porque no tiene a la persona amada entre sus brazos y , el autor, enfatiza la agonía a través de exclamaciones y utiliza el retoricismo en las preguntas, en las cuales podemos observar que no se siente culpable por la pérdida sino que se pregunta a sí mismo el porqué de tal desdicha :
"¿ Dónde estás que no te encuentro, dulce amor del alma mía? ¡Maldición eterna el día que arrancó mi bien de mí¡ ¿ Dónde están aquellas horas que el amor me dio en tus brazos? ¿ Quién rompió los tiernos brazos con que unido estuve a ti? "
El yo lírico llora y sufre con vehemencia la ausencia de un amor que resultó reciproco y ya no está. Se lamenta de la pérdida y el autor recalca la infelicidad del amante a lo largo de todo el poema.
Aquí, por ejemplo, lo hace a través de la anáfora: "no hay mudanza en mi fortuna: infeliz desde la cuna infeliz seré al morir." Un amor que está por encima de la fortuna. El amante prefiere quererla aun sin tenerla que una vida repleta de entes materiales: [...] " yo más quiero esta amargura que el placer que el oro da."
En cambio, en el poema del Conde de Noroña, nos encontramos ante un amor idealizado. Una mujer de ojos azules -característica por antonomasia del canon de belleza femenino- que al amante le resulta bella aun cuando llora.
El autor hace una comparación entre la amada que llorando ha de asemejarse a las flores cuando se encuentran mojadas por el rocío:
"Cual la viola del huerto,
cuyas süaves hojas
brillan con el rocío
que derrama la aurora,
parece la flor mía,
cuando a la angustia brotan
de sus ojos azules
mil perlas deliciosas."
Mediante dicha comparación, el Conde de Noroña le atribuye a la mujer amada la fragilidad y belleza de una flor, lo cual la hace vulnerable.
Se trata de un amor real, el yo lírico no se halla desdichado como en el poema anterior ni sufre por amor, sino que disfruta de este ya que habla de la mujer como si hubiera de pertenecerle, quizá se trate de un amor recíproco ya que la hace suya a través del pronombre posesivo:
"[...] parece la flor mía"
Es la amada quién se halla en desconsuelo por la supuesta partida de su amor.
Carmen Orellana Fernández.


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