Existen muchos tipos de amor y muchas maneras de expresarlo. Está el amor romántico, el deseo, el amor fraternal, el parental...
Pero esta vez hablamos de un amor diferente, uno que no se da entre personas.
En estos poemas, «A España después de la revolución de marzo» de Manuel José Quintana y «El patriotismo» de Francisco Sánchez Barbero; los autores muestran o reflejan un profundo sentir hacia su país. Hacen referencia a su patria como si de una "Reina" se tratase, como vemos en el primer y segundo verso del poema de Quintana, personificándola a lo largo de todo el poema.
Hablan de su plenitud, su fuerza, su dominio,  de sus triunfos y de sus derrotas, disfrutando o sufriendo con ella según van narrando. 
Quieren una España libre, ya que para estos autores el concepto de nación y el de libertad están profundamente relacionados, por lo que están permanentemente enfrentados a la tiranía, cosa que también se refleja en ambos poemas. Puede verse por ejemplo en el quinto párrafo de Quintana o en los últimos versos de "El patriotismo".
También defienden valores como el amor a la justicia, el sacrificio, la honestidad...tan propios del patriotismo y llaman a los españoles a la revolución, a la defensa de su patria y a la lucha  por los valores individuales.
Podríamos hablar de amor hacia la nación  basado en la historia de la misma. Debemos tener en cuenta, aparte de la permanente personificación de la nación, la importancia del concepto de patria en la época y en la historia del país. 
Podemos saber que es algo que viene de antiguo, pues ya en la Edad Media se utilizaba como castigo el exilio y suponía toda una deshonra. Lo vemos reflejado en el Cantar de Mío Cid, mostrando todo lo que un hombre podía llegar a hacer por volver a su patria y defenderla. 
Partiendo de ahí, sería importante que nos preguntáramos si se trata de un amor inculcado, aprendido o un amor descubierto personalmente. ¿Puede un país, o su historia, enamorar?¿Se puede sentir amor por una nación?¿Puede equipararse al amor que una persona puede llegar a sentir por otra?
El amor depende siempre de las personas, de sus conceptos, de su manera de verlo. No es algo que pueda definirse ni establecerse. Habrá quién sienta amor por su país como el que lo siente por la persona amada, o tal vez es un amor diferente que no puede compararse, pero todo se resume en él.

Comparación entre dos poemas

Voy a hacer una comparación entre dos poemas que he elegido, En una ausencia» de Blanco White y A una muchacha llorando por Ebn Al Rumí del Conde de Noroña, desde la perspectiva del amor.

Un tema que es recurrente en la literatura cuya presencia ha estado latente en la poesía desde su comienzo y que nos permite conocer la sensibilidad, en cierto modo, de los grandes poetas y de su forma de ver y conocer -o desconocer- el amor.

He elegido dos poemas en los que el amor se trata de manera totalmente distinta. En el poema de Blanco White nos encontramos con un amor -como bien recoge el título- ausente.

El amante sufre nostalgia porque no tiene a la persona amada entre sus brazos y , el autor, enfatiza la agonía a través de exclamaciones y utiliza el retoricismo en las preguntas, en las cuales podemos observar que no se siente culpable por la pérdida sino que se pregunta a sí mismo el porqué de tal desdicha :

"¿ Dónde estás que no te encuentro, dulce amor del alma mía? ¡Maldición eterna el día que arrancó mi bien de mí¡ ¿ Dónde están aquellas horas que el amor me dio en tus brazos? ¿ Quién rompió los tiernos brazos con que unido estuve a ti? "

El yo lírico llora y sufre con vehemencia la ausencia de un amor que resultó reciproco y ya no está. Se lamenta de la pérdida y el autor recalca la infelicidad del amante a lo largo de todo el poema.

Aquí, por ejemplo, lo hace a través de la anáfora: "no hay mudanza en mi fortuna: infeliz desde la cuna infeliz seré al morir." Un amor que está por encima de la fortuna. El amante prefiere quererla aun sin tenerla que una vida repleta de entes materiales: [...] " yo más quiero esta amargura que el placer que el oro da."
En cambio, en el poema del Conde de Noroña, nos encontramos ante un amor idealizado. Una mujer de ojos azules -característica por antonomasia del canon de belleza femenino- que al amante le resulta bella aun cuando llora.

 El autor hace una comparación entre la amada que llorando ha de asemejarse a las flores cuando se encuentran mojadas por el rocío:

 "Cual la viola del huerto, cuyas süaves hojas brillan con el rocío que derrama la aurora, parece la flor mía, cuando a la angustia brotan de sus ojos azules mil perlas deliciosas."

 Mediante dicha comparación, el Conde de Noroña le atribuye a la mujer amada la fragilidad y belleza de una flor, lo cual la hace vulnerable.

 Se trata de un amor real, el yo lírico no se halla desdichado como en el poema anterior ni sufre por amor, sino que disfruta de este ya que habla de la mujer como si hubiera de pertenecerle, quizá se trate de un amor recíproco ya que la hace suya a través del pronombre posesivo:

 "[...] parece la flor mía"

Es la amada quién se halla en desconsuelo por la supuesta partida de su amor.


                                                                                                                  Carmen Orellana Fernández.

Poesía del siglo XVIII

El amor es un tema bastante recurrente en el género de la poesía, sin embargo, no siempre se trata de la misma forma, pues este sentimiento puede verse desde diferentes puntos de vista. En esta ocasión vamos a verlo desde la angustia por la ausencia y desde la adoración hacia el amor en sí o hacia el ser amado.

Comencemos analizando el siguiente fragmento de «En una ausencia», escrito por Blanco White.

¿Dónde estás que no te encuentro, 
dulce amor del alma mía? 
¡Maldición eterna el día 
que arrancó mi bien de mí!
¿Dónde están aquellas horas 
que el amor me dio en tus brazos? 
¿Quién rompió los tiernos brazos 
con que unido estuve a ti? 

Con solo comenzar a leer podemos saber que el amor está expresado con forma de una gran angustia por la pérdida del ser amado. Este sufrimiento se expresa en forma de preguntas retoricas que muestran la añoranza del yo poético hacia los momentos de felicidad que el amor le brindaba. Leyendo eso podemos suponer que no quiere sentir amor, pues este tan solo le trae penas, sin embargo, al ver las últimas líneas del poema, esa idea desaparece de nuestra cabeza:

Ellos ¡míseros! me envidian, 
que no saben qué es ternura; 
yo más quiero esta amargura 
que el placer que el oro da.

El yo poético prefiere sentir esa angustia a tener cualquier otro bien material, esto podría ser un indicio de adoración hacia el mismo amor, que por mucho que le haga sufrir, no quiere que desaparezca de su vida.

Después de ver este fragmento, vamos a leer otro en el que se trata el amor desde un punto de vista completamente diferente y que pertenece al poema de Nicolás Fernandez de Moratín «A los ojos de Dorisa»:

Piedad, hermosas
lumbres divinas,
de quien amante
os solemniza.
Y si a mi verso
la suerte amiga
da, que en el mundo
durable exista,
aplauso eterno
haré que os siga,
y en otros siglos
daréis envidia.


El sentimiento de adoración hacia el ser amado puede palparse en todo el poema, sin embargo, he decidido seleccionar este fragmento por la forma que tiene el autor de divinizar los ojos de los que habla, llegando al punto de considerar que estos, al igual que la poesía, son capaces pasar a través de los siglos y provocar la misma impresión que al yo poético le causan en el momento.

Estos puntos de vista no tienen por qué estar separados, la adoración y la angustia por la ausencia pueden aparecer en un mismo poema. Como ejemplo podemos utilizar un fragmento de «Un amante al partir su amada», de Nicasio Álvarez Cienfuegos.

¡Corazones de mármol! ¿a mi ruego
todos ensordecéis? En vano, en vano
cual relámpago el coche se adelanta;
en pos, en pos mi infatigable planta
cual relámpago irá, que amor la guía.
Laura, te seguiré de noche y día
sin que hondos ríos ni fragosos montes
me puedan aterrar: tú vas delante.
Asoma, Laura; que tu vista amante
caiga otra vez sobre mis tristes ojos.

Durante todo el poema esta mezcla de sentimientos puede palparse, sin embargo, bajo mi punto de vista este fragmento es el que más los sintetiza. El yo poético sufre una enorme angustia ante la marcha de Laura, su amada, sin embargo, eso no quita la gran adoración que siente hacia ella, que le lleva a ser capaz de seguirla a pesar de su ausencia.

Si aún cabe duda de que en la poesía cabe la mezcla de angustia y adoración, dichas dudas quedan disipadas mediante estos versos del mismo poema en el que la amada es considerada como una mujer diferente al resto, ¿por qué?, simplemente porque ella es Laura, el objeto del amor del yo poético.

¡Ah! ninguna mujer ha merecido
un suspiro amoroso, ni un cuidado.
Tan prontas al querer como al olvido,
fáciles, caprichosas, inconstantes,
su amor es vanidad. A cien amantes
quieren atar en su cadena a un tiempo,
y ríen de sus triunfos, y se aclaman,
y a nadie amaron porque a todos aman.
¿Y mi Laura también?... No, no lo creo.