El trabajo del cortejo consiste en acompañar a una mujer aristócrata en su vida diaria, incluso con derecho a entrar en sus aposentos. Esto en su tiempo estaba considerado tan solo como un trabajo, sin embargo, ¿hasta que punto puede ser eso cierto?, ¿es posible que el cortejo pase los límites hasta llegar a una relación carnal?, ¿y puede derivar esa relación carnal en una amorosa? Todas esas preguntas pasaron por mi cabeza al leer «el chichisbeo», a continuación mostraré un fragmento del poema:
Es señora, el chichisbeo
una inmutable atención,
donde nace la ambición
extranjera del deseo;
Con la frase «extranjera del deseo», parece que intentan dejar claro que el cortejo no hace más que su trabajo, sin embargo, no debemos quedarnos con la simple apariencia ¿Por qué no van a mantener el cortejo y la dama una relación?, ¿por qué no va a haber deseo?, bajo mi punto de vista, es más que obvio que tras el roce, puede surgir algo más, sin embargo, para una mujer de la aristocracia del siglo XIX, la apariencia es una de las cosas más importantes y, por ello, nunca mostraría esa aparente atracción hacia su cortejo, al igual que este tampoco mostraría la suya, quedando de esta forma entre las sombras.
ejercicio sin empleo
vagante llama sin lumbre,
una elevación sin cumbre,
un afán sin inquietud,
que no siendo esclavitud,
es la mayor servidumbre
En este fragmento se encuentran algunas cosas sobre las que podemos trabajar. Por un lado está la frase «vagante llama sin lumbre», una llama sin luz, algo bastante peculiar, que nos vuelve a mostrar que las acciones del cortejo (la llama), solo son llevadas a cabo por deber (de ahí que no haya luz), sin embargo, no me queda más remedio que insistir en que esa luz puede ser encendida; sobre todo por parte de la dama, que puede llegar a caer en las redes del hombre que la acompaña cada día, acabando por olvidar el detalle de que el trabajo del cortejo, en efecto, es acompañarla.
Por otra parte, al leer los dos últimos versos del fragmento que he mostrado, no pude evitar recordar el amor cortés, en especial la relación de vasallaje se traslada al mundo amoroso y el hecho de que normalmente el objeto de adoración del hombre suela ser una mujer casada, como es el caso en la relación del cortejo con la mujer aristócrata. Desde esa base, podríamos pensar que la relación mujer-cortejo está planteada de esa forma. Quizá como una «simulación», por llamarlo de alguna manera, del amor cortés, que en ciertos casos puede llegar a hacerse realidad, con la diferencia de que esta vez ese amor puede llegar a ser correspondido, en el momento en el que la mujer olvide que el cortejo está haciendo su trabajo.
Don Juan Tenorio.
En las últimas escenas de la obra «Don Juan Tenorio», podemos ver como la salvación de Don Juan pende de un hilo o más bien del arrepentimiento del susodicho. Como todo -o casi todo- burlador, él no cree que por arrepentirse de sus actos en el último momento, pueda salvarse del infierno, por lo que no cree hasta el final lo que está ocurriendo.
¿Qué tiene todo esto de romántico?, para comenzar, podemos mencionar ese tema fantástico-religioso, que puede verse claramente en este fragmento -además de en muchos otros-.
SOMBRA: Para ti;
mas tengo mi purgatorio
en ese mármol mortuorio
que labraron para mí.
Yo a Dios mi alma ofrecí
en precio de tu alma impura;
y Dios, al ver la ternura
con que te amaba mi afán,
me dijo: Espera a don Juan
en tu misma sepultura.
Y pues quieres ser tan fiel
a un amor de Satanás,
con don Juan te salvarás,
o te perderás con él.
Por él vela; mas si cruel
te desprecia tu ternura,
y en su torpeza y locura
sigue con bárbaro afán,
llévese tu alma don Juan
de tu misma sepultura.
En este fragmento de la obra puede verse como Doña Inés, ya fallecida, le habla a Don Juan de una especie de trato que ha hecho con dios, en el que la salvación de ambos depende de los sentimientos de él. En mi humilde opinión, con este trozo de la obra se puede mostrar en lo que se basará el desenlace.
Otra característica que podemos observar es esa obsesión por el honor que parecen tener los personajes, esto es algo que puede palparse en Don Juan desde el principio y por supuesto, no excluye al desenlace. Podemos observar esta tendencia en el siguiente fragmento:
DON JUAN Pretendo
que me deis una razón
de lo que ha pasado aquí,
señores, o juro a Dios
que os haré ver a los dos
que no hay quien me burle a mí.
Sin embargo, esta vez el orgullo y el honor no llegan al final, pues cuando llega el momento de la verdad, el momento en el que Don Juan está entre la salvación y el infierno, este se arrepiente y suplica de rodillas por la salvación.
DON JUAN ¡Aparta, piedra fingida!
Suelta, suéltame esa mano,
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida.
Suéltala, que si es verdad
que un punto de contrición
da a un alma la salvación
de toda una eternidad,
yo, santo Dios, creo en ti;
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita…
¡Señor, ten piedad de mí!
¿Qué tiene de extraño el desenlace de esta obra?, si contamos con que se trata de un drama romántico, el final de «Don Juan Tenorio» es bastante singular. El solo hecho de que Don Juan y Doña Inés hayan conseguido la salvación ya es bastante peculiar, pues los finales de las obras románticas suelen ser más fatalistas e incluso oscuros. Bajo mi punto de vista, en el desenlace reside la peculiaridad de la trama de la obra, leamos otro fragmento de este:
DON JUAN Clemente Dios, ¡gloria a Ti!
Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí.
Mas es justo; quede aquí
al universo notorio,
que pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de DON JUAN TENORIO.
En una obra del Romanticismo normal, Don Juan Tenorio habría pagado por sus pecados en el infierno y además de eso habría arrastrado con él a su amada, sin embargo, como ya he dicho anteriormente, este no es el caso.
Incluso la forma de tratar el tema del amor en esta obra también es algo peculiar, en este caso, el amor está presente en forma de salvación, pues esta la trae los puros sentimientos que tiene Doña Inés hacia Don Juan Tenorio, este amor es el que lleva al desenlace de la obra, eso es algo que puede verse perfectamente en el siguiente fragmento:
DOÑA INÉS Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.
Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura,
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan
al pie de la sepultura.
¿Qué tiene todo esto de romántico?, para comenzar, podemos mencionar ese tema fantástico-religioso, que puede verse claramente en este fragmento -además de en muchos otros-.
SOMBRA: Para ti;
mas tengo mi purgatorio
en ese mármol mortuorio
que labraron para mí.
Yo a Dios mi alma ofrecí
en precio de tu alma impura;
y Dios, al ver la ternura
con que te amaba mi afán,
me dijo: Espera a don Juan
en tu misma sepultura.
Y pues quieres ser tan fiel
a un amor de Satanás,
con don Juan te salvarás,
o te perderás con él.
Por él vela; mas si cruel
te desprecia tu ternura,
y en su torpeza y locura
sigue con bárbaro afán,
llévese tu alma don Juan
de tu misma sepultura.
En este fragmento de la obra puede verse como Doña Inés, ya fallecida, le habla a Don Juan de una especie de trato que ha hecho con dios, en el que la salvación de ambos depende de los sentimientos de él. En mi humilde opinión, con este trozo de la obra se puede mostrar en lo que se basará el desenlace.
Otra característica que podemos observar es esa obsesión por el honor que parecen tener los personajes, esto es algo que puede palparse en Don Juan desde el principio y por supuesto, no excluye al desenlace. Podemos observar esta tendencia en el siguiente fragmento:
DON JUAN Pretendo
que me deis una razón
de lo que ha pasado aquí,
señores, o juro a Dios
que os haré ver a los dos
que no hay quien me burle a mí.
Sin embargo, esta vez el orgullo y el honor no llegan al final, pues cuando llega el momento de la verdad, el momento en el que Don Juan está entre la salvación y el infierno, este se arrepiente y suplica de rodillas por la salvación.
DON JUAN ¡Aparta, piedra fingida!
Suelta, suéltame esa mano,
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida.
Suéltala, que si es verdad
que un punto de contrición
da a un alma la salvación
de toda una eternidad,
yo, santo Dios, creo en ti;
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita…
¡Señor, ten piedad de mí!
¿Qué tiene de extraño el desenlace de esta obra?, si contamos con que se trata de un drama romántico, el final de «Don Juan Tenorio» es bastante singular. El solo hecho de que Don Juan y Doña Inés hayan conseguido la salvación ya es bastante peculiar, pues los finales de las obras románticas suelen ser más fatalistas e incluso oscuros. Bajo mi punto de vista, en el desenlace reside la peculiaridad de la trama de la obra, leamos otro fragmento de este:
DON JUAN Clemente Dios, ¡gloria a Ti!
Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí.
Mas es justo; quede aquí
al universo notorio,
que pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de DON JUAN TENORIO.
En una obra del Romanticismo normal, Don Juan Tenorio habría pagado por sus pecados en el infierno y además de eso habría arrastrado con él a su amada, sin embargo, como ya he dicho anteriormente, este no es el caso.
Incluso la forma de tratar el tema del amor en esta obra también es algo peculiar, en este caso, el amor está presente en forma de salvación, pues esta la trae los puros sentimientos que tiene Doña Inés hacia Don Juan Tenorio, este amor es el que lleva al desenlace de la obra, eso es algo que puede verse perfectamente en el siguiente fragmento:
DOÑA INÉS Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.
Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura,
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan
al pie de la sepultura.
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